23 ago 2012

Explorando Normandía

¡Qué raro es llegar a un país en ferry! Y más aún, cuando uno viaja en bicicleta. La rampa del ferry desciende lentamente hasta alinearse perfectamente con el muelle, y los autos comienzan a descender. Los ciclistas vamos al final. Pero luego hay justicia: en la fila para pasar el control migratorio, las bicis pueden rebasar a los autos que forman filas de cientos de metros. Así pues, tres minutos luego de descender del ferry llegué a la caseta de migración. El oficial, obviamente acostumbrado a ver pasaportes franceses y británicos (o en todo caso europeos), me pregunta si necesito visa. Le digo que no, pero tiene que constatarlo en algún lado... luego regresa y me entrega mi pasaporte. "C'est tout?""Oui". Yo, que había impreso montones de estados de cuenta bancarios, pólizas de seguro de viaje, y demás documentos para probar que sólo estoy viajando, nunca imaginé que entrar a Francia fuera así de fácil. Comencé a pedalear, di vuelta en una glorieta y constaté que, en efecto, ya había ingresado a Francia y con ello ya era absolutamente libre dentro de toda la Europa occidental y central (de aquí hasta Serbia no volveré a pasar por ningún control migratorio). Este simple hecho, combinado con la emoción de estar en un nuevo país (e inmerso en otro idioma y otra cultura) me hizo tremendamente feliz. 

Listo para abordar el ferry en Portsmouth!
Llegué al hostal (auberge de jeunesse) de Cherbourg. Días atrás, había logrado realizar una reservación vía email en mi muy rústico francés (en la universidad llevé cursos de francés, pero luego de graduarme dejé de estudiarlo y practicarlo). Con algunos titubeos, le indiqué a la recepcionista que tenía una reservación, le di mi nombre y, para mi sorpresa, entendió todo muy bien. Esta fue la primera conversación que sostuve en francés en mucho, mucho tiempo. Desde entonces, prácticamente todas mis conversaciones con franceses han sido en ese idioma. Los franceses, en general, esperan que los extranjeros hablen cuando menos un poco de francés, y sólo recurren al inglés cuando de plano no hay de otra (lo cual es bueno para quienes desean practicar su francés, como yo).

Vista de Cherbourg desde el ferry. La rampa se alinea con el muelle,
los autos descienden, luego las bicis, ¡y uno está en Francia!
En mi habitación conocí a Nicolás, un bretón que también acababa de llegar a Cherbourg en ferry procedente de Irlanda, a donde fue de vacaciones. Abogado de formación, Nicolás trabaja en una escuela de agricultura en un pueblo cercano a Caen, llamado St. Pierre sur Dives. Luego de cenar, Nicolás y yo salimos a dar una vuelta por el centro de Cherbourg -era viernes en la noche. A pesar de lo rústico de mi francés, pudimos conversar un buen rato. Gran fortuna, la mía: ojalá siempre, al llegar a un país nuevo, pudiéramos encontrar un amigo y suavizar nuestra inmersión en la otra cultura. Al día siguiente, Nicolás y yo fuimos a dar una vuelta por las playas y acantilados cercanos a Cherbourg, en su auto. Luego me dejó en el hostal de Cherbourg y él emprendió el retorno St. Pierre sur Dives.


Nicolás, amigo francés a quien conocí en el hostal de Cherbourg

En total estuve tres noches en Cherbourg, durante las cuales puse en marcha la estrategia de "inmersión total": hablar francés, escuchar francés (la radio, la televisión, en conversación) y leer francés (comprar periódicos y revistas). Cherbourg, en sí, no tiene tanto chiste -es una ciudad portuaria importante pero creo que fue severamente dañada durante la 2a Guerra Mundial. Pero al tercer día volví a montar el sillín de la bicicleta y me dirigí hacia el sureste: hacia las playas del Día D, donde las tropas aliadas desembarcaron aquel 6 de junio de 1944 para liberar a Europa occidental, en las garras de la Alemania nazi. Dicen que en Historia las cosas casi nunca son en blanco y negro, pero en este caso sí lo son: las tropas aliadas (principalmente EUA-GB-NZ-Canadá-Australia-Francia Libre) liberaron a Francia y al resto de Europa occidental, creando con ellos lazos de amistad que perduran hasta nuestros días (los países de Europa del Este no corrieron con la misma suerte -sus -"liberadores" soviéticos tenían otros planes para ellos).

Abundan los memoriales del Día D, pequeños y grandes, a lo largo
de las 5 playas del desembarco (Utah, Omaha, Gold, Sword y Juno).
El Día D es quizá la maniobra militar más espectacular, exitosa y arriesgada de todos los tiempos. En unas cuantas horas, 6 mil embarcaciones procedentes de Gran Bretaña desembarcaron en las costas de Normandía, con más de 120 mil hombres a bordo. Otros 24 mil hombres fueron lanzados en paracaidas la noche anterior, para preparar el terreno para el desembarco (imagina, por un instante, ser lanzado en paracaidas, en plena oscuridad, en territorio nazi!). Los aliados lograron engañar a los nazis, haciéndoles creer que el desembarco sería más al norte, cerca de Calais (para ello utilizaron, incluso, un ejército de tanques inflables de hule!). Entre más aprendo del desembarco en Normandía, más me asombro de la astucia, inteligencia y valentía de las tropas aliadas. 

Cementerio americano, en Omaha Beach (Colleville-sur-Mer)

Batería alemana capturada en Día D (Longues-sur-Mer)

Pero bueno, es imposible ver todos los memoriales y visitar todos los museos del Día D (y de verdad hay tantos!). Después de visitar algunos, decidí que ya había visto suficiente, y que mi lección de Historia se podía dar por concluida. Proseguí mi camino al este, acampando primero en Isigny-sur-mer y luego en Bayeux. Han oído de la conquista normanda de Inglaterra? Es una historia fascinante. Guillermo el Conquistador (William The Conqueror, o Guillaume le Conquérant) se llevó 6 mil de sus mejores hombres a reclamar el trono inglés (en esa época aún no se habían unificado las coronas de Escocia y Gales... no existía tal cosa como trono británico) a su adversario Harold Godwinson (último rey anglo-sajón de Inglaterra). El chiste es que esta historia está plasmada en el famoso Tapiz de Bayeux que, como se puede intuir, está en exhibición en el pueblo homónimo. El tapiz mide más de 60 metros de largo por 50 cm de alto, y su objetivo era educar a la población (analfabeta) sobre la hazaña de su rey. No dejan tomar fotos, pero vean esta que tomé de Wikipedia:

La historia de la conquista normanda, en tapiz

Además del tapiz, Bayeux es un pueblo muy atractivo, con una impresionante catedral gótica y muchos edificios medievales. Estuve dos noches ahí, hospedándome en el camping municipal. Por dos noches, pagué sólo 13 euros! Durante el día, salí a pasear con mis objetos de valor, y dejé todo lo demás en mi tienda. Así le hace todo mundo aquí (y los franceses son campistas entusiastas). Llevo 3 noches consecutivas acampando, de modo que he logrado reducir costos (y liberado más dinero para comer en restoranes). Cada vez duermo mejor en mi sleeping bag, y cada vez soy más eficiente para instalar y desinstalar la tienda.

Ubicación de mi tienda... enfrente de los baños!

Galette complète... Queso, huevo y jamón. 

Catedral de Bayeux

Catedral de Bayeux, por dentro
 Bueno, ahora estoy en Caen. Creo que estaré aquí 2 noches. Después voy a ir hacia el este, tengo ganas de hacer un tour de 3 días siguiendo el itinerario "Calvados Classic" que propone Lonely Planet en su libro Cycling France. Calvados es una región famosa por la producción de cidra y del licor homónimo (a partir de la fermentación de manzana). Creo que voy a seguir pedaleando por el noreste de Francia, cerca de la costa, para luego visitar Bélgica, Holanda y Alemania.

En Caen también tienen "EcoBici"... de hecho, este sistema
fue inventado en París, luego imitado en muchas ciudades
Ya superé los 3500 km de viaje!


16 ago 2012

¡Adiós, Gran Bretaña!

Ahora sí, ¡al continente europeo! Se acabó la temporada de entrenamiento en tierras británicas. Mañana estaré en Francia, y comenzaré el largo viaje al este. Me cuesta trabajo creer, desde mi efímero refugio en la isla de Wight, que ya completé la vuelta a Gran Bretaña que me plantée hace unos meses. Empecé en el extremo suroeste de la isla, llegué hasta el extremo noreste, visité unas islas muy norteñas que ni siquiera sabía que existían (las Orkney) y luego regresé a la costa sur de Inglaterra a un paso más relajado. Fueron 55 días en total, 41 de pedalear y 14 de descansar, socializar y turistear. Mi confiabilísimo odómetro registra 3355 kilómetros, que es la distancia que separa a la Ciudad de México de Nueva York (en línea recta). Subí y bajé montañas, crucé campos y bosques, visité pueblos y ciudades, hice amigos -y visité a los que ya tenía- y me familiaricé con varios aspectos de la vida británica, desde la comida hasta la política, pasando por manejar del lado izquierdo de la calle, ver la BBC, ir al pub por una pint de un "local ale" y demás. Recordaré este país (o países, si contamos Inglaterra y Escocia separados) con cariño, porque realmente me trató muy bien, y tuve también la fortuna de estar aquí durante un evento tan especial como los juegos olímpicos.

Bosque, sombra, cero tráfico: ¿qué más se puede pedir?
Pero también me emociona la idea de pedalear en Francia, practicar mi francés (que lleva dos años archivado en algún lugar de mi cerebro... si es que aún está ahi) y explorar otra cultura y otros paisajes. Aún no tengo bien definida mi ruta (debo conseguir un buen mapa carretero de Francia) pero probablemente estaré en tierras galas hasta principios o mediados de septiembre (2 a 4 semanas). Lo que sí sé es que tanto yo como mi bici estamos bien. Hace un par de días, en Oxford, llevé a mi bici a una tienda-taller para que le realizaran un servicio de mantenimiento a fondo. Ajustaron y limpiaron cables y frenos, ajustaron también los rayos (spokes) de las llantas, y me dijeron que en general está en excelente estado la bicicleta así que puede aguantar muchos otros miles de kilómetros.

Las cifras del viaje

Distancias
  • 3355 kilómetros recorridos en bicicleta hasta el 16 de agosto de 2012
  • 82 kilómetros, el recorrido promedio por día (sin contar los días de descanso)
  • 127 km, el recorrido más largo (Helmsdale-Inverness, en el norte de Escocia
Velocidades
  • 17.6 kilómetros por hora (km/h), la velocidad promedio de desplazamiento
  • 22.3 km/h, la velocidad promedio diaria más alta (trayecto Durham-York)
  • 73.3 km/h, la velocidad máxima registrada (en las colinas Lammurmuir, entre Edimburgo y Berwick-upon-Tweed)
Tiempo
  • 4 horas 48 minutos, tiempo promedio pedaleando cada día (excluyendo descansos y tiempo inactivo)
  • 7 horas 13 minutos, el día más largo (Helmsdale-Inverness)
Noches
  • 39 lugares distintos donde he pasado la noche
  • 29 noches en hostal, 9 en B&B, 8 acampando, 6 en hotel, 3 en casa de amigos
  • 30 noches en Inglaterra, 24 en Escocia y 1 en Gales (Chepstow)   
  • 4 noches, el máximo en un mismo sitio (Albatross Hostel, en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra)
Bicicleta
  • 1 caída de la bicicleta (en Edimburgo, por la lluvia y las condiciones de la ciclovía -sin consecuencias graves)
  • 1 sustitución de llanta en Ballater, en las Highlands escocesas (la llanta se había roto en el borde, por causas desconocidas)
  • 2 ponchaduras, ambas ocurridas cerca de Corgaff en las Highlands escocesas
  • Ningún otro cambio o reemplazo de componente requerido hasta el momento, ni siquiera brake pads!
Hostales, mi tipo de alojamiento predilecto. En la foto, el dormitorio
del excelente YHA Sherwood Forest, en Edwinstowe, Nottinghamshire

Los 5 mejores momentos en la bicicleta 

1. Llegar a John O Groats y con ello culminar el recorrido de 1711 km de punta a punta de Gran Bretaña. Los ciclistas experimentados hacen este recorrido en mucho menos tiempo que yo, pero para mí lo importante no era cuántos días necesitaba para llegar sino constatar que podía hacerlo, a mi ritmo. Esta ruta, la más larga y legendaria en las islas británicas, era para mí un sueño distante, que poco a poco se fue haciendo realidad.
2. Conquistar los puertos de montaña de Lecht Pass y Glen Shee, en las montañas Grampians en The Cairngorms National Park, en Escocia. Fue, físicamente, lo más difícil, pero las vistas desde la cima, y los dos descensos vertiginosos, más que compensaron el esfuerzo.
3. Mi primer centenario -es decir, mi primer recorrido de más de 100 kilómetros- entre Zeal Monachorum y Glastonbury, en el sur de Inglaterra (día 5 del viaje). Desde ese día, comencé a tener más confianza en mis dos piernas y su capacidad para impulsarme grandes distancias a través de la bicicleta.
4. Cruzar, junto con mi amigo Henning, la frontera entre Inglaterra y Escocia, y unos minutos después alcanzar la marca de los 1000 kilómetros recorridos. Fueron dos hitos prácticamente simultáneos que disfruté mucho.
5. Llegar a Perth, Escocia, luego de un día fatídico: no paró de llover, sufrí una caída bastante fea de la bicicleta (saliendo de Edimburgo) y consideré seriamente dejar de pedalear por el resto del día. Alcanzar tu meta del día, a pesar de la adversidad, es siempre un motivo de gran satisfacción.

Llegar a los 3000 km también fue un gran momento, pero creo
que ya no entra en el top 5

Los 5 peores momentos en la bicicleta

1. Las múltiples veces que tuve que empujar mi bici colina arriba el primer día, en Cornwall. Mis piernas, simplemente, no tenían fuerza, se agotaban muy rápidamente. Ese día consideré seriamente la viabilidad de todo el proyecto, y recordé un fragmento de un libro de ciclismo que alertaba sobre la falta de preparación: "la mayoría de quienes emprenden un largo viaje en bicicleta sin haberse preparado, se rinden antes de cumplir la tercera semana". Afortunadamente, las cosas mejoraron rápidamente luego de ese primer día, pero de que fue difícil, lo fue.
2. La caída de la bicicleta en Edimburgo, en una ciclovía angosta y adyacente a un desnivel cubierto por vegetación. Ese día todo estaba empapado, tenía frío en mis pies porque el agua había llegado hasta los calcetines (más tarde compré calcetines a prueba de agua y cubiertas para los zapatos, de modo que no he vuelto a tener ese problema). La caída fue la gota que derramó el vaso, la frustración fue grande pero seguí adelante.
3. Pedalear contra el viento en el lejano norte de Escocia, entre Lairg y Altnaharra (día 19). Mi libro-guía advertía sobre esta situación: "reza para que el viento sople desde el sur". No, en mi caso el viento venía del norte. Mi velocidad de crucero, que normalmente es de 22-25 km/h, era de apenas 13-14 km/h. Cuando enfrentas una colina, tienes que emplearte a fondo pero sabes que esa ganancia de altitud eventualmente se transformará en un descenso glorioso. Pero cuando enfrentas al viento, sabes que no hay recompensa: la naturaleza, sencillamente, te obliga a pagar un precio mucho mayor para recorrer la misma distancia.
4. Ser asediado por los mosquitos (midges) en Escocia. Los fatídicos midges son una plaga durante el verano en Escocia. Te persiguen aún a velocidades de 15 km/h. Eso significa que no te puedes detener, no puedes bajar la velocidad. Y por lo tanto, a la primera colina... te comienzan a comer vivo. La solución es llevar un buen repelente; el que yo llevaba no servía, los midges se morían de la risa de él. 
5. Tener que circular en carreteras muy transitadas, y soportar el paso frecuente de camiones y vehículos pesados. En zonas densamente pobladas (y las hay muchas en GB) es inevitable, de vez en cuando, el pedalear en "A roads", es decir carreteras principales. No es agradable, particularmente cuando no hay acotamiento.

La ruta completa (del 23 de junio al 17 de agosto):
Penzance - Land's End - Camborne - Bodmin - Zeal Monachorum, Devon - Glastonbury - Chepstow (Gales) - Worcester - Telford - Northwich - Lancaster - Appleby - Penrith - Hawick (Escocia) - Edimburgo (1) - Perth - Braemar - Grantown-on-Spey - Inverness (1) - Lairg - Bettyhill - John O Groates - South Ronaldsay, Orkney - Kirkwall, Orkney - Stromness, Orkney - Scrabster - Helmsdale - Inverness (2) - Gairlochy - Crianlarich - Linlithgow - Edimburgo (2) - Berwick-upon-Tweed (Inglaterra) - Alnwick - Newcastle-upon-Tyne - Durham - York - Edwinstowe - Moira (National Forest) - Coventry - Oxford - Southampton - Rookley, Isle of Wight - Portsmouth

Próximo destino: Cherbourg, Francia! Tengo reservadas 2 noches en el YHA local. No sé a dónde iré después, pero seguramente hacia el sureste.








7 ago 2012

Rescate en las montañas

Hace unas tres semanas me encontraba en un rincón de las montañas Grampians en Escocia. Estaba a tan sólo 5 días de completar mi recorrido de punta a punta de Gran Bretaña, pero me faltaba realizar el trayecto más difícil de todos: la ruta de Braemar a Grantown-on-Spey, en el Parque Nacional The Cairngorms. Mi libro guía (Lonely Planet's Cycling Britain) decía lo siguiente: "este paseo, probablemente el más difícil de todos, involucra siete montañas, tres de ellas monstruosas". La gráfica de altitud para este día (relación entre el kilometraje y la altitud sobre el nivel del mar) parecía la silueta de la mandíbula de un tiburón: picos y valles. Antes de intentar realizar este trayecto, pasé 3 noches en Braemar, intentando recobrar fuerzas y posponiendo lo inevitable (el Youth Hostel de Braemar, por cierto, es excelente). Al tercer día desayuné fuerte y comencé a pedalear. Logré subir la primera montaña, y luego tuve un descenso que casi me congeló los huesos. Vino la segunda montaña, mucho más larga y difícil que la primera. El viento soplaba fuerte en mi cara, reduciendo mi velocidad considerablemente. Ya casi llegaba a la cima cuando comencé a sentir algo raro en la llanta trasera. Ni siquiera tuve tiempo de revisar qué era, porque de pronto escuché !paf!. La cámara trasera había reventado. Mi primera ponchadura de llanta -no en el viaje, sino en mi vida- me acababa de ocurrir... en la mitad de las Highlands escocesas. Vaya suerte!


Mi primera ponchadura de llanta, en un paisaje espectacular  y remoto

Aplicando los conocimientos teóricos que había obtenido de videos en YouTube y de mi libro Bicycle Repair Manual, así como los consejos de amigos expertos, pude cambiar sustituir la cámara ponchada por una nueva en poco menos de media hora. (Debo señalar que, durante ese lapso, pasaron por la carretera unos ocho o nueve autos, y casi todos ellos se detuvieron a preguntar si todo estaba bien, si necesitaba ayuda -a lo cual yo respondí sistemáticamente que sólo era una ponchadura y que todo estaba bajo control).
Reanudé el viaje, llegué a la cima de la montaña poco después, y entonces comenzó a llover. El descenso (de 200 metros verticales) fue terrible. Las gotas de lluvia, empujadas por el fuerte viento en contra, se estrellaban contra mi cara varias veces por segundo. Era como si me estuvieran arrojando pequeñas piedras en la cara, y no podía hacer nada al respecto. Afortunadamente, al llegar al fondo del valle encontré un pequeño tearoom (Goodbrand & Ross) en la aldea de Corgaff, donde me pude refugiar de la lluvia y de paso comer un sandwich. Un rato después, la lluvia cesó y pude continuar mi trayecto rumbo al paso alpino más alto: Lecht Pass, a una altitud de 640 metros. Este paso es famoso porque la pendiente para llegar a él es de 20% (es decir, por cada 100 metros de distancia horizontal asciendes 20 metros verticales). Pero los problemas no habían terminado: tan sólo 1 kilómetro más adelante del tearoom mi llanta trasera explotó otra vez. Me preocupé: esto sí que no era normal! Puse la bici boca abajo, y examiné con cuidado la llanta. De pronto vi algo que me generó escalofríos: la llanta -no la cámara- estaba rota! Inmediatamente me di cuenta que no podía seguir, porque no traía llantas de repuesto (sólo cámaras). Una llanta rota es poco común! Tenía que ir a una tienda de bicicletas, pero el pueblo más cercano estaba a cuando menos 35 kilómetros. Empujando la bicicleta volví al tearoom, el único remanso de civilización en esas montañas.

La llanta estaba rota en el borde, justo donde está la costura
En el tearoom fueron amables, pero era poco lo que podían hacer. Llamaron por teléfono a la tienda de bicicletas en Ballater, el pueblo más cercano, pero eso no resolvía nada: tenía que encontrar un modo de llegar ahí. Tendría que buscar un aventón, aunque con mi bicicleta (y todo mi equipaje a cuestas) requeriría un vehículo más grande que un auto compacto. Mientras les daba las gracias al staff del tearoom, noté que en el estacionamiento había una camper van, y que junto a ella había una pareja con un perro. Sin dudarlo un instante, salí a buscarlos. Les expliqué mi problema. No tuve que gastar mucha saliva para que accedieran a ayudarme. "Te podemos llevar a la tienda de bicis en Ballater"- dijo el hombre -"Sólo hay una cosa, nosotros hoy vamos a acampar en un sitio cerca de aquí. Tienes tienda de campaña? Si gustas, puedes venir con nosotros y mañana en la mañana te llevamos a Ballater". Acampar con una pareja de pensionados británicos en las Highlands escocesas, por qué no? Él era Albert, ella era Sue, y su adorable mascota se llamaba Sandie. Ingleses de Lancaster, estaban realizando un viaje de diez días por Escocia. Su camper van era suficientemente grande para que cupiera mi bicicleta y mi equipaje. Subí, y arrancamos con rumbo sur -al día siguiente tendría que volver a subir esas dos montañas, pero eso no importaba ya. Estaba sustituyendo una mala tarde en la bicicleta por una experiencia cultural invaluable, la oportunidad de conocer y convivir con personas generosas, cálidas y hospitalarias, que jamás hubiera conocido de no ser por mi incidente ciclista.

Albert, Sue y Sandie, posando junto a su camper van en Tarland

Sandie, una mascota adorable
Esa tarde fue idílica. Conducimos hasta una aldea llamada Tarland, y Albert me invitó la cena (fish & chips). Llegamos al parque de carvanas (Tarland) y cenamos en la camper van. Conversamos de todo: Escocia, Inglaterra, mi viaje ciclista, su vida en Lancaster, la vida de sus hijos, mi vida en México, la política británica y mexicana, etcétera. A las 10.30 pm ya estaba oscuro y decidí despedirme, era hora de ir a dormir a mi tienda de campaña. Al día siguiente, Albert y Sue me llevaron hasta la tienda de bicicletas en Ballater, y se mantuvieron a mi lado durante la reparación de la bicicleta. Llegó la hora de despedirnos, y de verdad que fue difícil. Si bien los había conocido hacía apenas 14 o 15 horas, Albert y Sue ya eran amigos y los estimaba. Me dijeron que los pasara a visitar si me encontraba en los alrededores de Lancaster. Intercambiamos correos electrónicos y teléfonos, y estrechamos las manos. Subí a la bici, y comencé a pedalear sin mirar atrás. Tenía un día difícil frente a mí -estaba cerca del punto donde había iniciado mi recorrido el día anterior, de modo que tendría que volver a subir las dos primeras montañas. Pero al mismo tiempo estaba contento, me sentía afortunado y pensaba en la enorme paradoja que encerraba la experiencia del día anterior: cómo un incidente tan desagradable como la ponchadura de una llanta se había transformado en una de las mejores experiencias del viaje? La esencia de viajar, creo yo, es encontrar estas experiencias fortuitamente. En inglés, esto se denomina serendipity.

Con llanta nueva volví a Lecht Road y pude completar este paseo
alpino, el más difícil que realicé en Escocia
Por cierto, Albert -quien es un excelente fotógrafo amateur- me envió varias fotos de delfines que tomó en un pueblo llamado Rosemarkie, cerca de Inverness en Escocia. Es uno de los mejores lugares para ver delfines en Europa. En mi recorrido al norte de Escocia me detuve en este punto, siguiendo su consejo, pero no pude ver delfines. Le comenté a Albert que no había tenido suerte, y amablemente me envió fotos que tomó apenas unos días antes de conocernos.

Espectacular foto de delfines saltando, tomada por Albert
en Rosemarkie en la isla negra (Black Isle), al norte de Inverness

Reencuentro de dos ciclistas

Hace un mes y medio, en mi primer día de bicicleta en Gran Bretaña, sufrí bastante para pedalear hasta el punto de inicio de la travesía de punta a punta de la isla. Las 10 millas que separaban a mi hotel en Penzance del famoso letrero de Land's End fueron las más complicadas de mi vida. En Land's End observé una bicicleta muy parecida a la mía, con casi tanto equipaje como la mía, tripulada por una chica de aproximadamente mi edad. Era de Canadá y se llamaba Natalie. Resultó que ella también iba a a cruzar toda la isla británica en bici. Pero ella estaba en un estado físico muy distinto al mío: recientemente había cruzado Canadá en bicicleta! Me dijo que planeaba recorrer en promedio 100 km al día, cifra que me parecía monstruosa en aquel momento (yo acababa de pedalear 16 km y estaba al borde del desmayo). Pedaleamos juntos un par de kilómetros, pero en la primera colina se hizo evidente mi pésima condición física, y Natalie me dejó atrás -no sin antes darme algunas palabras de aliento, en momentos de gran frustración para mí. Me dijo que mis piernas se adaptarían en unos cuantos días, que no había nada de qué preocuparse, y que todos los bike tourers tienen un inicio similar. Esas palabras las tuve muy presentes a lo largo de ese fatídico primer día, y también durante los siguientes tres o cuatro. Yo era un absoluto novato en esto del bike touring, y ella una experta, por lo cual su consejo tenía un gran valor y una credibilidad total.

Un mes y medio después, tras haber recorrido 2,680 kilómetros en suelo británico, volví a encontrar a Natalie -por azar- afuera de la catedral de Durham, en la ciudad homónima, en el noreste de Inglaterra. Le dije que había tenido razón, que mis piernas se habían adaptado a mis planes con la facilidad que ella había predicho. Yo ya había cruzado toda la isla y ahora estaba volviendo al sur. Ella aún iba hacia el norte, tras haber realizado un "side trip" en Irlanda. Esta conversación no fue, como la primera, una entre experto y novato, sino entre dos ciclo-viajeros que han seguido caminos distintos, y que pueden compartir experiencias y consejos como dos personas que saben de lo que están hablando. Al volver a hablar con ella, y recordando las condiciones en que nos habíamos conocido, me di cuenta de lo mucho que había progresado en el inter. Ya no era una conversación entre un ciclista novato y una experta; era el intercambio de experiencias y consejos de dos ciclistas con rumbos distintos, que coinciden de nuevo después de muchos kilómetros. 

Me quedan unos cuantos días en esta isla. Actualmente estoy en York, la capital histórica del norte de Inglaterra (antes de York pasé por Durham, Newcastle, Alnwick, Berwick-upon-Tweed y Edimburgo). Estoy a tres días -en términos ciclistas- de Coventry, donde visitaré dos queridos amigos de la universidad, este fin de semana. La próxima semana me dirigiré a la costa sur de Inglaterra, probablemente daré una vuelta por la isla de Wight -siguiendo el consejo experto de un amigo- y luego cruzaré el Canal de la Mancha en un ferry con dirección a Francia (Portsmouth-Cherbourg probablemente). Y será entonces que comenzaré a pensar en cosas más grandes, como cruzar toda Europa en bici o incluso llegar a China en mis dos ruedas.


27 jul 2012

Lo que Escocia me ha enseñado

Estoy seguro que, en unos años (o meses), miraré atrás y diré: en Escocia aprendí a viajar en bicicleta. No me refiero a andar en bicicleta, sino al arte de subir y bajar montañas, un día sí y el otro también, con veintitantos kilogramos de equipaje a cuestas; el arte de recorrer ochenta, noventa o más de cien kilómetros a través de parajes escabrosos, ocultos por la lluvia, el viento y la niebla. Desde el punto de vista físico y natural, Escocia ha sido -accidentalmente- un campo de entrenamiento idóneo. Las montañas de las Highlands me han obligado a emplearme al límite, pero la belleza de los paisajes ha sido una justa recompensa a mis esfuerzos. Hoy, que puedo escribir estas líneas desde la comodidad inalámbrica de un hostal en Edimburgo, habiendo dejado atrás las durezas de las montañas escocesas, puedo constatar que en estas tierras del norte de Gran Bretaña he aprendido varias lecciones que, sin duda, me servirán para el resto de mi travesía.

Como expliqué en mi post anterior, voy de regreso al sur. Cinco días de intenso pedalear me han puesto ya muy cerca de la frontera inglesa. En cinco días recorrí poco más de 520 kilómetros, desde la costa norte (el puerto de Scrabster, cerca de la ciudad de Thurso) hasta Edimburgo (pronunciado E-din-bo-RO en inglés), cruzando por Inverness, Fort William, Stirling y Falkirk. Mientras disfruto la convivencia internacional juvenil en el hostal Caledonian Backpackers por un par de días, miro los mapas y constato que, pedaleando hacia el este, estoy a tan sólo 90 kilómetros de Berwick-upon-Tweed, la más norteña de las ciudades inglesas. Ingresé a Escocia con poco menos de 1000 kilómetros en el odómetro, que ahora está registrando 2450. Han sido tres semanas y media de mucho esfuerzo, mucho sudor, pero también de gran satisfacción personal. Por eso, cuando abandone Escocia este domingo, miraré hacia atrás como quien ha superado una ardua prueba. En Escocia he tenido que pedalear en la lluvia y el frío, he tenido que luchar contra el viento, he tenido que subir y bajar montañas aterrorizantes. Pero también es un país con paisajes de película. No sé qué país europeo tenga los mejores paisajes, pero estoy seguro que Escocia debe estar luchando por los primeros lugares.

Glen Coe, uno de los valles más bellos (y turísticos) de Escocia 
Por cierto, he comenzado a subir videos de este viaje a YouTube. Uno de ellos muestra mi travesía por uno de los valles del parque nacional Loch Lomond and The Trossachs en el condado de Argyll & Bute, en Escocia. Otro muestra mi llegada a John O Groats, el punto donde terminé mi recorrido sur-norte de toda Gran Bretaña (1700 km) hace un par de semanas. Finalmente, otro video muestra una marcha musical en la ciudad de Inverness, en el norte de Escocia (este último video no lo tomé desde la bicicleta, sino en condición de turista).
El puerto de Scrabster, en el extremo norte de Escocia
 También he subido nuevas fotos a Flickr, algunas inéditas de las islas Orkney y otras de sitios en las Highlands escocesas por los que transité en estos últimos días. Para verlas, hagan click aquí. Es el álbum titulado The Scottish Highlands, Part II.
En la cima de una colina, cerca de Loch Ness
A partir del domingo estaré recorriendo la costa noreste de Inglaterra (Northumberland). Es una región plagada de castillos, monasterios y edificios medievales. Muchos de ellos fueron destruidos o dañados por las invasiones vikingas en los siglos IX-XII. Un lugar que desde hace tiempo tengo ganas de visitar es la abadía de Lindisfarne, en la Isla Santa (Holy Island). Quizá los paisajes de esta región de Inglaterra no sean tan espectaculares como los de Escocia, pero la riqueza cultural de esta región más que compensará por ello. Estaré publicando fotos e información relevante en los siguientes días. Hasta pronto!
Loch Taff, un pequeño lago cerca de Loch Ness


20 jul 2012

El largo regreso al sur

Mañana inicio el viaje de vuelta a la costa sur de Inglaterra, donde abordaré un ferry a Francia. He disfrutado estos días en las remotas islas Orkney, que han sido una de las sorpresas de este viaje (hace unos días ni siquiera sabía que existían). Pero ya me estoy cansando de este clima, que no parece entender que ya estamos en la mitad de JULIO y que 12 grados centígrados, combinados con fuertes vientos del Polo Norte y lloviznas esporádicas, no es aceptable ni disfrutable. No soy fan del calor, pero creo que no me haría mal experimentar temperaturas superiores a los 15 grados unos cuantos días, además de un poco de sol.

Así pues, me he dado a la tarea estos últimos días de crear una ruta ciclista que cumpla con tres criterios:
(a) Novedad (evitar pasar por donde ya vine)
(b) Topografía suave (evitar montañas y tramos muy empinados)
(c) Tranquilidad (optar por carreteras poco transitadas, que siempre son más disfrutables)

Considerando estos criterios, y utilizando mapas de carreteras (principalmente Google Maps) y uno que otro sitio de internet, he elaborado el siguiente itinerario. Menciono los lugares donde pasaré la noche. El punto de inicio es Scrabster, en la costa norte de Escocia (ahí llegará mi ferry procedente de Stromness en las islas Orkney):
File:Lochnessmonster.jpg
Voy a recorrer la costa de Loch Ness. Si
tengo suerte quizá logre ver a Nessie.

Jul-21: Helmsdale
Jul-22: Inverness
Jul-23: Fort William
Jul-24: Oban
Jul-25: Lochranza
Jul-26: descanso 1 en Lochranza (isla de Arran)
Jul-27: Paisley
Jul-28: Edinburgo
Jul-29: descanso 2 en Edinburgo
Jul-30: Berwick-upon-Tweed
Jul-31: Newcastle-upon-Tyne
Aug-1: Middlesbrough
Aug-2: Scarborough
File:LochNessUrquhart.jpg
Urquhart Castle, en Loch Ness
Aug-3: York
Aug-4: descanso 3 en York
Aug-5: Sheffield
Aug-6: Nottingham
Aug-7: Coventry
Aug-8: descanso 4 en Coventry
Aug-9: Cheltenham
Aug-10: Bath
Aug-11: Southampton/Portsmouth


Escencialmente, la ruta es así: bajar las Highlands escocesas por el oeste, hasta la isla de Arran; cruzar el corredor urbano Glasgow-Stirling-Edinburgh de oeste a este; bajar por la costa hasta Berwick-upon-Tweed (frontera Escocia-Inglaterra); seguir bajando por la costa de Northumberland y Yorkshire, hasta llegar a Scarborough; luego seguir tierra adentro, hasta York, y luego por las midlands hasta llegar a Coventry. Luego de Coventry, bajar por los Cotswolds y de ahí al sur por Dorset y Somerset, hasta terminar en Portsmouth o Southampton (ahí tomaré un ferry a Francia).



View Long ride to the south in a larger map


Las fechas son sujetas a cambios, pero es probable que la ruta se mantenga (salvo que aparezca información nueva que me haga cambiar de parecer, por ejemplo la existencia de una ruta alternativa más escénica). La longitud total es de 968 millas, o 1557 kilómetros, que recorreré en 18 días “activos” acompañados de 4 días de descanso. Al final de esta ruta habré recorrido más de 3,300 kilómetros en territorio británico, con lo cual creo que estaré muy bien preparado (al menos físicamente) para cruzar el resto de Europa. 

19 jul 2012

Las Highlands escocesas y las islas Orkney en fotos

Acabo de crear un álbum en Flickr con las mejores fotos que he tomado en el norte de Escocia. Chéquenlas aquí . Paisajes y sitios en las Highlands escocesas, la costa norte, y las islas Orkney.


La vida en dos ruedas

Varias personas me han pedido que escriba en mayor detalle sobre la experiencia de viajar solo en bicicleta. A raíz de esta petición, he reflexionado sobre algunos aspectos de esta nueva rutina, en la cual ya llevo casi 4 semanas. El primer aspecto importante de mi nueva vida cotidiana es la fugacidad con la que transito por pueblos, ciudades y sitios de hospedaje. Despierto casi cada día en un lugar distinto –a veces en una tienda de campaña, a veces en un dormitorio de hostal, otras veces en una habitación de hotel o de bed&breakfast. En los últimos 24 días me he hospedado en 22 lugares distintos. Cada mañana debo empacar mis pertenencias en mis seis alforjas (panniers), que van montadas en mi bicicleta. El proceso es cada vez más eficiente, pero aún dura al menos 20 minutos. 

El asunto de empacar suele ser caótico, es inevitable
La vista al interior de mi tienda de campaña. Es suficientemente
grande para mí y todas mis pertenencias, pero nada más.

El desayuno británico: tocino, salchichas, huevo, frijoles cocidos,
pan tostado, a veces jitomate y champiñones.
Luego de bañarme y desayunar, me preparo para subir al sillín de la bicicleta: coloco la computadora de viaje en su sitio (el aparato que me dice la distancia viajada, velocidad promedio, etcétera), me pongo el casco y los guantes, y si está lloviendo me pongo mis pantalones waterproof y mis botines de lluvia (básicamente, el plástico que cubre mis zapatos para evitar que se mojen). Ah, algo fundamental: rellenar las botellas de agua (llevo tres). Esto último es fácil de olvidar, y se paga caro. Cuando termino con todo lo anterior, reseteo la computadora de viaje, prendo el GPS (Garmin GPS Map 62s), y comienzo a pedalear.

La computadora de viaje, fotografiada al llegar a los 1000 km
(poco después de ingresar a Escocia, el 7 de julio)
Una vez que comienzo a pedalear, hay básicamente tres escenarios: uno, donde la experiencia es agradable desde el inicio. Es clara la ruta, el terreno es plano o ligeramente accidentado, y es fácil entrar en esa fase de relajación que los anglosajones denominan “the zone”. El segundo escenario es donde la navegación es difícil: no queda claro cómo salir de la ciudad, hay demasiadas calles y carreteras, demasiados vehículos, y resulta muy estresante avanzar distancias cortas. Este escenario aparece, obviamente, cuando uno está en una metrópoli considerable. El mayor riesgo son las glorietas –roundabouts, en Gran Bretaña- porque para un ciclista es complicado ubicarse en un carril específico. Y el tercer escenario es cuando la primera sorpresa del día es una subida larga o empinada. No llevas ni diez minutos pedaleando, y ya estás sudando! He descubierto que a los señores que fundaban ciudades en Gran Bretaña les encantaba fundarlas en valles y depresiones. Por lo tanto, este tercer escenario es muy común: si bien uno disfruta llegar “de bajada” a la ciudad, al día siguiente puede ser cansado y frustrante salir de ella. Las peores, de las que he visitado, son Camborne en Cornwall y Lancaster en Lancashire. Para salir de ambas, tuve que pedalear cuesta arriba 20 o 30 minutos. Esto quiere decir que, antes de llegar a “velocidad crucero” (la velocidad que alcanzo normalmente en terreno plano –en mi caso, es de 20-23 km-h)  ya estaba bañado en sudor y ya me había terminado una botella de agua, de las tres que llevo.

Cuando el día inicia así, sabes que la pasarás mal un buen rato
¿Cuánto tiempo paso en la bicicleta en un día típico? Mi computadora de viaje (Cateye Strada Wireless) me permite saber esta cifra, puesto que el cronómetro de viaje sólo se activa cuando estoy pedaleando. En mi recorrido de punta a punta en Gran Bretaña (Land’s End a John O Groats) pedaleé 97 horas 36 minutos en 21 días. Esto equivale a 4 horas 40 minutos cada día. En realidad, el tiempo que paso “en la carretera” suele ser mucho mayor, por todos los descansos que tomo (y que no están registrados en el tiempo mencionado). Una subida larga y empinada puede requerir muchos descansos breves. Durante esos descansos aprovecho para beber agua, checar el mapa de ruta, o incluso checar emails y Facebook. En el ascenso más difícil que he realizado (la carretera A939 que conduce al Lecht Ski Centre, cerca de Corgaff, en las montañas Grampians en Escocia) probablemente estuve más tiempo descansando que pedaleando. Con una inclinación de 20% (es decir, subes 20 metros verticales por cada 100 metros horizontales) me veía obligado, por el dolor en los muslos, a detenerme cada 100 vueltas de pedal (sí, las contaba). 



El cansancio y dolor muscular te obliga a reposar, cuando
menos un par de minutos


De hecho, he estado pensando que, cuando las pendientes son tan grandes, empujar la bici puede ser un modo más rápido de llegar a la cima que pedalear y tomar descansos constantemente. En el caso de Lecht Pass, el ascenso neto –desde Corgaff- fue de poco más de 300 metros sobre una distancia de 5 kilómetros, pero tardé una hora y media (y un litro de agua, y dos barras de chocolate) en realizarlo. Como consecuencia de lo anterior, cuando tengo que realizar ascensos largos y difíciles (es decir, cruzar montañas) prefiero limitar la distancia total recorrida a menos de 70 kilómetros, dado que sé que la velocidad promedio será baja (menos de 17 km/h). Y, por el contrario, cuando tengo enfrente un terreno plano, puedo recorrer más de 100 km porque la velocidad promedio puede ser superior a 18 o 19km/h.

Ascenso de 20% de inclinación, rumbo a Lecht Pass. Es una de
las carreteras más difíciles en Escocia, vaya que sufrí para llegar
a la cima.

¿Qué hago cuando llego a mi destino? Pues el primero paso suele ser buscar alojamiento. Si hace buen clima, acampar es una opción –siempre y cuando haya un campsite cercano. Si no, busco un hostal (suelen costar entre 15 y 20 libras la noche). Como último recurso están los B&B que cuestan entre 30 y 40 libras la noche. Suelo revisar las recomendaciones de mi guía (Cycling Britain), pero de otro modo salgo a dar una vuelta por el pueblo para ver qué encuentro, o realizo una búsqueda en Google con mi teléfono celular. Es importante que los lugares donde me hospedo tengan un lugar seguro donde pueda dejar mi bicicleta (bueno, aquí en las islas Orkney me convencieron de que prácticamente no existe el crimen, así que puedo dejar mi bicicleta en la calle). Después de instalarme y desmontar todas mis alforjas, me baño y salgo a comprar comida. Ah, olvido una rutina importante! Como sólo tengo 2 juegos de ropa ciclista (jersey, bibs y calcetines) siempre –siempre- debo lavar uno luego de usarlo. El lavado es a mano y bastante rudimentario, pero suele ser suficiente. Luego dejo la ropa secándose toda la noche.

En cuanto a la comida, procuro comer mucho y gastar poco. Si el lugar donde me hospedo tiene cocina, o si estoy acampando, la opción es comprar mis propios alimentos y cocinar. Aún en los pueblos más pequeños hay tiendas que venden pasta y cosas básicas. Pero a veces me gusta darme el lujo de comer en restoranes. A veces tengo mucho antojo de comida india, y en particular de Chicken Tikka Massala, mi platillo favorito.

Pasta al pesto, cocinada con mi estufa de camping



Chicken Tikka Massala en un restorán indio en Inverness

Un aspecto importante de mi vida cotidiana es que paso mucho tiempo solo. Estar solo no me ha resultado difícil o deprimente, pero procuro comunicarme con amigos y familiares por distintos medios (emails, redes sociales, mensajería instantánea). También converso bastante con locales: afortunadamente, los británicos suelen ser amistosos y no es difícil entablar la conversación con ellos en muchos sitios. En particular, suelo conversar, aunque sea unos minutos, con los dueños de los hostales, campsites y B&B. Además, al viajar solo tengo tiempo para hacer todo lo que no tenía mucho tiempo para hacer en México: leer, escribir, incluso ver la televisión de vez en cuando. Y más importante aún: al viajar solo gozo de una libertad plena, una libertad como nunca antes había experimentado, porque cada día está lleno de posibilidades que me siguen emocionando.

 ¿Preferiría estar viajando con un amigo? Por supuesto que sería divertido, pero creo que no es tan fácil como suena. De Lancaster a Braemar (7 días, 640 km) estuve pedaleando con un amigo alemán, y me di cuenta de varios temas problemáticos para dos ciclistas que viajan juntos. Primero, la condición física: mi amigo tenía mejor condición, y por lo tanto era bastante más rápido. Me tenía que esperar, a veces un cuarto de hora o más, en la cima de colinas y montañas. Luego, la disparidad de equipajes. Yo estoy viajando con mucho equipaje, porque voy preparado para viajar todo un año, llevo equipo de camping y reservas de alimento, etcétera. Mi amigo llevaba poco equipaje, su viaje estaba previsto para unos cuantos días. Esta disparidad exacerbaba la disparidad de velocidades antes mencionada. Bueno, pero la velocidad de viaje sólo es un tema de conflicto potencial. Hay otros: decidir dónde almorzar, dónde cenar y dónde hospedarte resulta mucho más complicado cuando viajan dos personas y no una. Diferencias en gustos, presupuestos y estados de ánimo pueden derivar en largas y complicadas discusiones para tomar estas decisiones tan básicas. En fin, creo que viajar solo en bicicleta tiene ventajas y desventajas respecto a viajar acompañado, pero hasta este momento he disfrutado mucho la experiencia a pesar de la intermitente soledad inherente a este proyecto.


18 jul 2012

Se me acabó la tierra (misión cumplida!)

Luego de 21 días de pedalear, y tras haber recorrido 1711 kilómetros, el pasado lunes 16 de julio finalmente llegué a John O Groates, con lo cual finalicé el recorrido de punta a punta de Gran Bretaña. Literalmente, se me acabó la tierra. Obviamente, en la meta no había nada ni nadie, pero a mí no me importaba. Pude hacer realidad lo que hace apenas unos meses, o incluso semanas, era sólo un sueño. Cuando comencé a pedalear en Land's End, hace menos de 4 semanas, estaba en mala condición física y creí que quizá tardaría meses en llegar a John O Groats. Pero el cuerpo se acostumbró rápidamente a la rutina ciclista. Pedalear cinco horas efectivas al día es cansado, pero no agotador. Cruzar Gran Bretaña en bicicleta es una cuestión de voluntad y determinación, no de condición física: en el camino conocí a personas de más de 60 años que realizaban el mismo recorrido. De hecho, un hombre llamado David, de Nottingham,  realizón un recorrido paralelo al mío: lo conocí en Appleby, en el norte de Inglaterra, hace dos semanas y luego lo volví a encontrar en John O Groats. David tiene 66 años y completó su travesía casi en el mismo tiempo que yo. La edad promedio de los ciclistas que encontré en el camino debe ser de más de 50 años. Claramente, la edad no es un obstáculo para viajar grandes distancias en bicicleta!
Donde se acaba la tierra: John O Groats, en el extremo noreste de Escocia

Luego de llegar a la meta, me di cuenta que ya no tenía una ruta en concreto. El plan había sido llegar a John O Groats, pero, ¿y luego? Había estado pedaleando hacia el norte, pero obviamente eso ya no se podía, había llegado al fin de la isla. Fue entonces cuando recordé lo que varias personas me habían dicho de las islas Orkney: que eran un lugar muy especial, rico en sitios arqueológicos y en historia medieval. Que eran islas de granjeros y pescadores, pero con todos los servicios y comodidades del "British mainland". Así que, cuando en la oficina de turismo de John O Groats me dijeron que había un ferry a Burwick (la punta sur de South Ronaldsay, la más austral de las islas Orkney) no lo pensé dos veces y decidí dirigirme al muelle. Ahora estoy en Kirkwall, la capital de las Orkney, un pueblo de 8,500 personas que, para los estándares regionales, es una megalópolis. Creo que estaré cuatro o cinco días en estas islas antes de volver a Gran Bretaña y emprender el viaje ciclista de regreso al sur de Inglaterra -donde tomaré un ferry para Francia, a mediados de agosto. Las islas Orkney son curiosas por su compleja identidad: originalmente fueron colonizadas por los vikingos, y permanecieron bajo dominio noruego hasta el siglo XV. De hecho, la bandera de las Orkney es casi idéntica a la de Noruega, excepto por un detalle: en la bandera noruega la cruz azul tiene un marco blanco, y no amarillo. Los vínculos entre las Orkney y Escandinavia son obvios al caminar por las calles de Kirkwall: en el mero centro de la ciudad está el "Centre for Nordic Studies" del Orkney College, y las tiendas de souvenirs están muy cargadas hacia la mitología nórdica. 

File:2007 Flag of Orkney.svg
La bandera de las islas Orkney tiene el
mismo diseño que las banderas nórdicas
(Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca,
Islandia, Islas Feroe, etc)
Esta hermosa bicicleta (Surly LHT) se comportó excelente a lo largo
de todo el viaje! Gracias a Mosquito Bikes en Londres tengo una
máquina confiable y sólida, que me permitirá llegar muy lejos.




Cruzando Gran Bretaña en cifras

Algunos datos curiosos de mi travesía ciclista de Land's End a John O Groats:
  • 1711 kilómetros recorridos en total
  • En promedio 81.5 km al día 
  • Distancia máxima en un día: 126 km de Northwich a Lancaster.
  • 97 horas y 36 minutos pedaleando
  • Velocidad promedio de 17.5 kilómetros por hora
  • Día más rápido: 20.2 km/h de Penrith (Cumbria, Inglaterra) a Hawick (Scottish Borders, Escocia)
  • Día más lento: 14.1 km/h de Land's End a Camborne (Cornwall, Inglaterra... el primer día)
  • Velocidad máxima alcanzada: 70.3 km/h en el trayecto de Bodmin a Zeal Monachorum, en Cornwall y Devon, Inglaterra.
  • Precio promedio de hospedaje: 26.6 libras
  • Noches en:
    • Hotel: 5
    • Bed & Breakfast: 6
    • Hostal: 7
    • Noches acampando: 
  • Ponchaduras: 2 en el trayecto de Braemar a Grantown-on-Spey
  • Días de sol: 1.5
  • Días de nubes: 21.5
  • Días de lluvia: Más de 15 (sólo 1 día de lluvia intensa)
Wheems Farm, un campsite en South Ronaldsay, en las islas Orkney.
Excelente ubicación, sólo 5 libras la noche.




6 jul 2012

Cruzando Gran Bretaña

Pues no, no he podido escribir mucho en las últimas semanas. De hecho, no he escrito nada. He estado muy ocupado con un proyecto que ha consumido casi la totalidad de mis días: cruzar Gran Bretaña de sur a norte en bicicleta, de Land's End en Inglaterra a John O Groates en Escocia. Escribo estas líneas desde un hostal en Edimburgo, Escocia. Ya me falta poco. He pedaleado 1140 kilómetros, y me faltan poco más de 600, o sea 7 días más en el sillín. Pero falta lo más difícil: cruzar las Highlands de Escocia, las montañas Grampians, que son las más altas de toda Gran Bretaña. Y si algo he aprendido en estos 13 días de pedalear intensamente, es que las montañas pueden complicar muchísimo las cosas. Pedalear 120 kilómetros en terreno plano es cosa fácil, sólo es cuestión de invertir 6 o 7 horas. Pero escalar 300 metros verticales en tan solo unos kilómetros puede ser un suplicio... Y en las Highlands, los ascensos en un día son de hasta 600 metros. Bueno, mejor ni pensar en eso ahora mismo -ya llegará la hora! Y de cualquier modo, es inevitable y no hay nada qué hacer, sino aplicar una cantidad bestial de energía y tomar descansos cuando el cuerpo los pide.

El inicio

Los primeros días fueron difíciles. En particular el primer día. Realmente no me preparé físicamente para este viaje, y he pagado el precio. El 23 de junio recogí mi bicicleta de una tienda en Londres (Mosquito Bikes en Islington -se las recomiendo ampliamente si un día planean hacer ciclismo en Gran Bretaña) y en seguida tomé un tren hacia Penzance, una pequeña ciudad en el extremo suroeste de Cornwall, que es el condado más austral y occidental de Inglaterra. Llegué a Penzance a las 6 de la tarde, y a esa hora pretendí dirigirme, pedaleando, a un campamento (campsite) ubicado a unos 10 km al oeste de la ciudad. Vaya mala idea. Llovia, hacía viento, y yo no tenía mapas. A mi celular se le acabó la pila, así que ni siquiera tenía Google Maps. Además, las calles de Penzance resultaron ser de una inclinación brutal, para la cual yo no estaba preparado. Cuando logré salir de la ciudad, me di cuenta que no tenía la más remota idea de dónde estaba el campsite, aparte de la información que ya mencioné (10 km al oeste). Luego de 2 horas, tras haber recorrido 20 km en medio de una tormenta, totalmente empapado, volví a Penzance y busqué un hotel. Encontré uno bastante mediocre, llamado Carlton Hotel, cuyo dueño pretendía hacerme un favor al permitirme hospedarme en su propiedad. Pero en ese momento ya nada importaba, yo sólo quería un baño caliente y una cama donde dormir. Creo que aún alcancé a ver los minutos finales de un juego de la Eurocopa y acabé comiendo comida pseudo-Thai en un restorán que atendía una mesera de Ucrania.

Al día siguiente inició formalmente la aventura -el viaja ciclista de Land's End a John O Groates. Land's End está 16 km al oeste de Penzance, y John O Groates está a casi 1700 km de distancia. Es la ruta que cruza la totalidad de Gran Bretaña, de norte a sur y de oeste a este. El 24 de junio yo estaba listo para comenzar este recorrido. Pero llegar al punto inicial -a Land's End- fue una aventura que yo no tenía planeada. Básicamente, estaba exhausto apenas al salir de Penzance. La primera colina casi me deja tendido sobre el asfalto. Me maldije por no haberme preparado físicamente. Tuve que empujar la bici para subir una, dos, tres colinas. Cuando me quedaba apenas 1 km para llegar a Land's End, un par de jóvenes peatones me miraron, sonrieron y dijeron "You are almost there!", creyendo que estaba completando el viaje desde John O Groates! Tan cansado y descompuesto me veía, aún antes de llegar al punto de salida.

En Land's End, donde todo inició el 24 de junio

Ese día recorri 65 km y llegué a un pueblo llamado Camborne, en Cornwall. Los últimos kilómetros fueron durísimos, y otra vez tuve que empujar la bici en las subidas. Un ciclista local llamado Melvin me vio, perdido y agotado, y me preguntó si tenía dónde hospedarme. Le dije que no. Me dijo cómo llegar al hotel más cercano. Le di las gracias y se fue. Tres minutos después, Melvin volvió, y me dijo que me acompañaría al hotel para garantizar que pudiera encontrarlo. Nos llevó 15 o 20 minutos pedalear o caminar hasta un hotel Premier Inn, que resultó ser bastante más caro de lo que yo esperaba. Pero no había de otra: era el primer día y estaba cansadísimo. Creo que dormí 10 horas aquella noche, y al despertar aún me dolían las piernas.

Los días siguientes las cosas mejoraron gradualmente. Mi cuerpo se acostumbró bastante rápido a la rutina ciclista: levantarme, bañarme, desayunar, pedalear tres horas, almorzar, pedalear otras tres o cuatro horas, cenar, dormir. Si el primer día sólo pude pedalear 65 km en ocho horas, al día siguiente logré recorrer 62 km en la mitad de tiempo. El tercer día pedalée 86 km, y el cuarto 113 km. Desde entonces, he mantenido un promedio diario de 85 km, que es una cifra razonable (equivale a pasar entre cinco y seis horas en la bicicleta cada día). Las colinas y montañas me siguen costando trabajo, pero sé que con una combinación de esfuerzo y descansos breves es posible superarlas.

Entrando a Escocia el 5 de julio, luego de cruzar Inglaterra


Pedalear a través del campo y de los pueblitos es una actividad muy placentera. La bicicleta y el cuerpo humano están en armonía entre sí, pero también con la naturaleza. Las bicicletas no ahuyentan a las ovejas, a las vacas, a las cabras y a otros animales comunes en esta isla. Las bicicletas son silenciosas: en caminos poco transitados, el único ruido que se oye es el de los pájaros y el de las ramas de árboles que mece el viento. Pedalear cinco o seis horas al día puede parecer mucho pero no lo es: la mayor parte del tiempo uno va disfrutando los paisajes, pensando en cualquier cosa, decidiendo dónde comer o dónde hospedarse. Creo que es un estilo de vida más sencillo y disfrutable de lo que a algunos les parece.

Lo que sigue

El próximo sábado 14 de julio espero llegar a John O Groates en Escocia. Será el fin del inicio. Luego vendrá la 2a etapa: pedalear de vuelta al sur de Inglaterra, esta vez recorriendo la costa este de Gran Bretaña. Luego tomaré un ferry a Francia e iniciaré la 3era etapa: pedalear de algún punto en Francia (donde sea que me deje el ferry) a Estambul, cruzando la mayor parte de Europa occidental, central y oriental. 


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