7 ago 2012

Reencuentro de dos ciclistas

Hace un mes y medio, en mi primer día de bicicleta en Gran Bretaña, sufrí bastante para pedalear hasta el punto de inicio de la travesía de punta a punta de la isla. Las 10 millas que separaban a mi hotel en Penzance del famoso letrero de Land's End fueron las más complicadas de mi vida. En Land's End observé una bicicleta muy parecida a la mía, con casi tanto equipaje como la mía, tripulada por una chica de aproximadamente mi edad. Era de Canadá y se llamaba Natalie. Resultó que ella también iba a a cruzar toda la isla británica en bici. Pero ella estaba en un estado físico muy distinto al mío: recientemente había cruzado Canadá en bicicleta! Me dijo que planeaba recorrer en promedio 100 km al día, cifra que me parecía monstruosa en aquel momento (yo acababa de pedalear 16 km y estaba al borde del desmayo). Pedaleamos juntos un par de kilómetros, pero en la primera colina se hizo evidente mi pésima condición física, y Natalie me dejó atrás -no sin antes darme algunas palabras de aliento, en momentos de gran frustración para mí. Me dijo que mis piernas se adaptarían en unos cuantos días, que no había nada de qué preocuparse, y que todos los bike tourers tienen un inicio similar. Esas palabras las tuve muy presentes a lo largo de ese fatídico primer día, y también durante los siguientes tres o cuatro. Yo era un absoluto novato en esto del bike touring, y ella una experta, por lo cual su consejo tenía un gran valor y una credibilidad total.

Un mes y medio después, tras haber recorrido 2,680 kilómetros en suelo británico, volví a encontrar a Natalie -por azar- afuera de la catedral de Durham, en la ciudad homónima, en el noreste de Inglaterra. Le dije que había tenido razón, que mis piernas se habían adaptado a mis planes con la facilidad que ella había predicho. Yo ya había cruzado toda la isla y ahora estaba volviendo al sur. Ella aún iba hacia el norte, tras haber realizado un "side trip" en Irlanda. Esta conversación no fue, como la primera, una entre experto y novato, sino entre dos ciclo-viajeros que han seguido caminos distintos, y que pueden compartir experiencias y consejos como dos personas que saben de lo que están hablando. Al volver a hablar con ella, y recordando las condiciones en que nos habíamos conocido, me di cuenta de lo mucho que había progresado en el inter. Ya no era una conversación entre un ciclista novato y una experta; era el intercambio de experiencias y consejos de dos ciclistas con rumbos distintos, que coinciden de nuevo después de muchos kilómetros. 

Me quedan unos cuantos días en esta isla. Actualmente estoy en York, la capital histórica del norte de Inglaterra (antes de York pasé por Durham, Newcastle, Alnwick, Berwick-upon-Tweed y Edimburgo). Estoy a tres días -en términos ciclistas- de Coventry, donde visitaré dos queridos amigos de la universidad, este fin de semana. La próxima semana me dirigiré a la costa sur de Inglaterra, probablemente daré una vuelta por la isla de Wight -siguiendo el consejo experto de un amigo- y luego cruzaré el Canal de la Mancha en un ferry con dirección a Francia (Portsmouth-Cherbourg probablemente). Y será entonces que comenzaré a pensar en cosas más grandes, como cruzar toda Europa en bici o incluso llegar a China en mis dos ruedas.


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