7 ago 2012

Rescate en las montañas

Hace unas tres semanas me encontraba en un rincón de las montañas Grampians en Escocia. Estaba a tan sólo 5 días de completar mi recorrido de punta a punta de Gran Bretaña, pero me faltaba realizar el trayecto más difícil de todos: la ruta de Braemar a Grantown-on-Spey, en el Parque Nacional The Cairngorms. Mi libro guía (Lonely Planet's Cycling Britain) decía lo siguiente: "este paseo, probablemente el más difícil de todos, involucra siete montañas, tres de ellas monstruosas". La gráfica de altitud para este día (relación entre el kilometraje y la altitud sobre el nivel del mar) parecía la silueta de la mandíbula de un tiburón: picos y valles. Antes de intentar realizar este trayecto, pasé 3 noches en Braemar, intentando recobrar fuerzas y posponiendo lo inevitable (el Youth Hostel de Braemar, por cierto, es excelente). Al tercer día desayuné fuerte y comencé a pedalear. Logré subir la primera montaña, y luego tuve un descenso que casi me congeló los huesos. Vino la segunda montaña, mucho más larga y difícil que la primera. El viento soplaba fuerte en mi cara, reduciendo mi velocidad considerablemente. Ya casi llegaba a la cima cuando comencé a sentir algo raro en la llanta trasera. Ni siquiera tuve tiempo de revisar qué era, porque de pronto escuché !paf!. La cámara trasera había reventado. Mi primera ponchadura de llanta -no en el viaje, sino en mi vida- me acababa de ocurrir... en la mitad de las Highlands escocesas. Vaya suerte!


Mi primera ponchadura de llanta, en un paisaje espectacular  y remoto

Aplicando los conocimientos teóricos que había obtenido de videos en YouTube y de mi libro Bicycle Repair Manual, así como los consejos de amigos expertos, pude cambiar sustituir la cámara ponchada por una nueva en poco menos de media hora. (Debo señalar que, durante ese lapso, pasaron por la carretera unos ocho o nueve autos, y casi todos ellos se detuvieron a preguntar si todo estaba bien, si necesitaba ayuda -a lo cual yo respondí sistemáticamente que sólo era una ponchadura y que todo estaba bajo control).
Reanudé el viaje, llegué a la cima de la montaña poco después, y entonces comenzó a llover. El descenso (de 200 metros verticales) fue terrible. Las gotas de lluvia, empujadas por el fuerte viento en contra, se estrellaban contra mi cara varias veces por segundo. Era como si me estuvieran arrojando pequeñas piedras en la cara, y no podía hacer nada al respecto. Afortunadamente, al llegar al fondo del valle encontré un pequeño tearoom (Goodbrand & Ross) en la aldea de Corgaff, donde me pude refugiar de la lluvia y de paso comer un sandwich. Un rato después, la lluvia cesó y pude continuar mi trayecto rumbo al paso alpino más alto: Lecht Pass, a una altitud de 640 metros. Este paso es famoso porque la pendiente para llegar a él es de 20% (es decir, por cada 100 metros de distancia horizontal asciendes 20 metros verticales). Pero los problemas no habían terminado: tan sólo 1 kilómetro más adelante del tearoom mi llanta trasera explotó otra vez. Me preocupé: esto sí que no era normal! Puse la bici boca abajo, y examiné con cuidado la llanta. De pronto vi algo que me generó escalofríos: la llanta -no la cámara- estaba rota! Inmediatamente me di cuenta que no podía seguir, porque no traía llantas de repuesto (sólo cámaras). Una llanta rota es poco común! Tenía que ir a una tienda de bicicletas, pero el pueblo más cercano estaba a cuando menos 35 kilómetros. Empujando la bicicleta volví al tearoom, el único remanso de civilización en esas montañas.

La llanta estaba rota en el borde, justo donde está la costura
En el tearoom fueron amables, pero era poco lo que podían hacer. Llamaron por teléfono a la tienda de bicicletas en Ballater, el pueblo más cercano, pero eso no resolvía nada: tenía que encontrar un modo de llegar ahí. Tendría que buscar un aventón, aunque con mi bicicleta (y todo mi equipaje a cuestas) requeriría un vehículo más grande que un auto compacto. Mientras les daba las gracias al staff del tearoom, noté que en el estacionamiento había una camper van, y que junto a ella había una pareja con un perro. Sin dudarlo un instante, salí a buscarlos. Les expliqué mi problema. No tuve que gastar mucha saliva para que accedieran a ayudarme. "Te podemos llevar a la tienda de bicis en Ballater"- dijo el hombre -"Sólo hay una cosa, nosotros hoy vamos a acampar en un sitio cerca de aquí. Tienes tienda de campaña? Si gustas, puedes venir con nosotros y mañana en la mañana te llevamos a Ballater". Acampar con una pareja de pensionados británicos en las Highlands escocesas, por qué no? Él era Albert, ella era Sue, y su adorable mascota se llamaba Sandie. Ingleses de Lancaster, estaban realizando un viaje de diez días por Escocia. Su camper van era suficientemente grande para que cupiera mi bicicleta y mi equipaje. Subí, y arrancamos con rumbo sur -al día siguiente tendría que volver a subir esas dos montañas, pero eso no importaba ya. Estaba sustituyendo una mala tarde en la bicicleta por una experiencia cultural invaluable, la oportunidad de conocer y convivir con personas generosas, cálidas y hospitalarias, que jamás hubiera conocido de no ser por mi incidente ciclista.

Albert, Sue y Sandie, posando junto a su camper van en Tarland

Sandie, una mascota adorable
Esa tarde fue idílica. Conducimos hasta una aldea llamada Tarland, y Albert me invitó la cena (fish & chips). Llegamos al parque de carvanas (Tarland) y cenamos en la camper van. Conversamos de todo: Escocia, Inglaterra, mi viaje ciclista, su vida en Lancaster, la vida de sus hijos, mi vida en México, la política británica y mexicana, etcétera. A las 10.30 pm ya estaba oscuro y decidí despedirme, era hora de ir a dormir a mi tienda de campaña. Al día siguiente, Albert y Sue me llevaron hasta la tienda de bicicletas en Ballater, y se mantuvieron a mi lado durante la reparación de la bicicleta. Llegó la hora de despedirnos, y de verdad que fue difícil. Si bien los había conocido hacía apenas 14 o 15 horas, Albert y Sue ya eran amigos y los estimaba. Me dijeron que los pasara a visitar si me encontraba en los alrededores de Lancaster. Intercambiamos correos electrónicos y teléfonos, y estrechamos las manos. Subí a la bici, y comencé a pedalear sin mirar atrás. Tenía un día difícil frente a mí -estaba cerca del punto donde había iniciado mi recorrido el día anterior, de modo que tendría que volver a subir las dos primeras montañas. Pero al mismo tiempo estaba contento, me sentía afortunado y pensaba en la enorme paradoja que encerraba la experiencia del día anterior: cómo un incidente tan desagradable como la ponchadura de una llanta se había transformado en una de las mejores experiencias del viaje? La esencia de viajar, creo yo, es encontrar estas experiencias fortuitamente. En inglés, esto se denomina serendipity.

Con llanta nueva volví a Lecht Road y pude completar este paseo
alpino, el más difícil que realicé en Escocia
Por cierto, Albert -quien es un excelente fotógrafo amateur- me envió varias fotos de delfines que tomó en un pueblo llamado Rosemarkie, cerca de Inverness en Escocia. Es uno de los mejores lugares para ver delfines en Europa. En mi recorrido al norte de Escocia me detuve en este punto, siguiendo su consejo, pero no pude ver delfines. Le comenté a Albert que no había tenido suerte, y amablemente me envió fotos que tomó apenas unos días antes de conocernos.

Espectacular foto de delfines saltando, tomada por Albert
en Rosemarkie en la isla negra (Black Isle), al norte de Inverness

Reencuentro de dos ciclistas

Hace un mes y medio, en mi primer día de bicicleta en Gran Bretaña, sufrí bastante para pedalear hasta el punto de inicio de la travesía de punta a punta de la isla. Las 10 millas que separaban a mi hotel en Penzance del famoso letrero de Land's End fueron las más complicadas de mi vida. En Land's End observé una bicicleta muy parecida a la mía, con casi tanto equipaje como la mía, tripulada por una chica de aproximadamente mi edad. Era de Canadá y se llamaba Natalie. Resultó que ella también iba a a cruzar toda la isla británica en bici. Pero ella estaba en un estado físico muy distinto al mío: recientemente había cruzado Canadá en bicicleta! Me dijo que planeaba recorrer en promedio 100 km al día, cifra que me parecía monstruosa en aquel momento (yo acababa de pedalear 16 km y estaba al borde del desmayo). Pedaleamos juntos un par de kilómetros, pero en la primera colina se hizo evidente mi pésima condición física, y Natalie me dejó atrás -no sin antes darme algunas palabras de aliento, en momentos de gran frustración para mí. Me dijo que mis piernas se adaptarían en unos cuantos días, que no había nada de qué preocuparse, y que todos los bike tourers tienen un inicio similar. Esas palabras las tuve muy presentes a lo largo de ese fatídico primer día, y también durante los siguientes tres o cuatro. Yo era un absoluto novato en esto del bike touring, y ella una experta, por lo cual su consejo tenía un gran valor y una credibilidad total.

Un mes y medio después, tras haber recorrido 2,680 kilómetros en suelo británico, volví a encontrar a Natalie -por azar- afuera de la catedral de Durham, en la ciudad homónima, en el noreste de Inglaterra. Le dije que había tenido razón, que mis piernas se habían adaptado a mis planes con la facilidad que ella había predicho. Yo ya había cruzado toda la isla y ahora estaba volviendo al sur. Ella aún iba hacia el norte, tras haber realizado un "side trip" en Irlanda. Esta conversación no fue, como la primera, una entre experto y novato, sino entre dos ciclo-viajeros que han seguido caminos distintos, y que pueden compartir experiencias y consejos como dos personas que saben de lo que están hablando. Al volver a hablar con ella, y recordando las condiciones en que nos habíamos conocido, me di cuenta de lo mucho que había progresado en el inter. Ya no era una conversación entre un ciclista novato y una experta; era el intercambio de experiencias y consejos de dos ciclistas con rumbos distintos, que coinciden de nuevo después de muchos kilómetros. 

Me quedan unos cuantos días en esta isla. Actualmente estoy en York, la capital histórica del norte de Inglaterra (antes de York pasé por Durham, Newcastle, Alnwick, Berwick-upon-Tweed y Edimburgo). Estoy a tres días -en términos ciclistas- de Coventry, donde visitaré dos queridos amigos de la universidad, este fin de semana. La próxima semana me dirigiré a la costa sur de Inglaterra, probablemente daré una vuelta por la isla de Wight -siguiendo el consejo experto de un amigo- y luego cruzaré el Canal de la Mancha en un ferry con dirección a Francia (Portsmouth-Cherbourg probablemente). Y será entonces que comenzaré a pensar en cosas más grandes, como cruzar toda Europa en bici o incluso llegar a China en mis dos ruedas.


27 jul 2012

Lo que Escocia me ha enseñado

Estoy seguro que, en unos años (o meses), miraré atrás y diré: en Escocia aprendí a viajar en bicicleta. No me refiero a andar en bicicleta, sino al arte de subir y bajar montañas, un día sí y el otro también, con veintitantos kilogramos de equipaje a cuestas; el arte de recorrer ochenta, noventa o más de cien kilómetros a través de parajes escabrosos, ocultos por la lluvia, el viento y la niebla. Desde el punto de vista físico y natural, Escocia ha sido -accidentalmente- un campo de entrenamiento idóneo. Las montañas de las Highlands me han obligado a emplearme al límite, pero la belleza de los paisajes ha sido una justa recompensa a mis esfuerzos. Hoy, que puedo escribir estas líneas desde la comodidad inalámbrica de un hostal en Edimburgo, habiendo dejado atrás las durezas de las montañas escocesas, puedo constatar que en estas tierras del norte de Gran Bretaña he aprendido varias lecciones que, sin duda, me servirán para el resto de mi travesía.

Como expliqué en mi post anterior, voy de regreso al sur. Cinco días de intenso pedalear me han puesto ya muy cerca de la frontera inglesa. En cinco días recorrí poco más de 520 kilómetros, desde la costa norte (el puerto de Scrabster, cerca de la ciudad de Thurso) hasta Edimburgo (pronunciado E-din-bo-RO en inglés), cruzando por Inverness, Fort William, Stirling y Falkirk. Mientras disfruto la convivencia internacional juvenil en el hostal Caledonian Backpackers por un par de días, miro los mapas y constato que, pedaleando hacia el este, estoy a tan sólo 90 kilómetros de Berwick-upon-Tweed, la más norteña de las ciudades inglesas. Ingresé a Escocia con poco menos de 1000 kilómetros en el odómetro, que ahora está registrando 2450. Han sido tres semanas y media de mucho esfuerzo, mucho sudor, pero también de gran satisfacción personal. Por eso, cuando abandone Escocia este domingo, miraré hacia atrás como quien ha superado una ardua prueba. En Escocia he tenido que pedalear en la lluvia y el frío, he tenido que luchar contra el viento, he tenido que subir y bajar montañas aterrorizantes. Pero también es un país con paisajes de película. No sé qué país europeo tenga los mejores paisajes, pero estoy seguro que Escocia debe estar luchando por los primeros lugares.

Glen Coe, uno de los valles más bellos (y turísticos) de Escocia 
Por cierto, he comenzado a subir videos de este viaje a YouTube. Uno de ellos muestra mi travesía por uno de los valles del parque nacional Loch Lomond and The Trossachs en el condado de Argyll & Bute, en Escocia. Otro muestra mi llegada a John O Groats, el punto donde terminé mi recorrido sur-norte de toda Gran Bretaña (1700 km) hace un par de semanas. Finalmente, otro video muestra una marcha musical en la ciudad de Inverness, en el norte de Escocia (este último video no lo tomé desde la bicicleta, sino en condición de turista).
El puerto de Scrabster, en el extremo norte de Escocia
 También he subido nuevas fotos a Flickr, algunas inéditas de las islas Orkney y otras de sitios en las Highlands escocesas por los que transité en estos últimos días. Para verlas, hagan click aquí. Es el álbum titulado The Scottish Highlands, Part II.
En la cima de una colina, cerca de Loch Ness
A partir del domingo estaré recorriendo la costa noreste de Inglaterra (Northumberland). Es una región plagada de castillos, monasterios y edificios medievales. Muchos de ellos fueron destruidos o dañados por las invasiones vikingas en los siglos IX-XII. Un lugar que desde hace tiempo tengo ganas de visitar es la abadía de Lindisfarne, en la Isla Santa (Holy Island). Quizá los paisajes de esta región de Inglaterra no sean tan espectaculares como los de Escocia, pero la riqueza cultural de esta región más que compensará por ello. Estaré publicando fotos e información relevante en los siguientes días. Hasta pronto!
Loch Taff, un pequeño lago cerca de Loch Ness


20 jul 2012

El largo regreso al sur

Mañana inicio el viaje de vuelta a la costa sur de Inglaterra, donde abordaré un ferry a Francia. He disfrutado estos días en las remotas islas Orkney, que han sido una de las sorpresas de este viaje (hace unos días ni siquiera sabía que existían). Pero ya me estoy cansando de este clima, que no parece entender que ya estamos en la mitad de JULIO y que 12 grados centígrados, combinados con fuertes vientos del Polo Norte y lloviznas esporádicas, no es aceptable ni disfrutable. No soy fan del calor, pero creo que no me haría mal experimentar temperaturas superiores a los 15 grados unos cuantos días, además de un poco de sol.

Así pues, me he dado a la tarea estos últimos días de crear una ruta ciclista que cumpla con tres criterios:
(a) Novedad (evitar pasar por donde ya vine)
(b) Topografía suave (evitar montañas y tramos muy empinados)
(c) Tranquilidad (optar por carreteras poco transitadas, que siempre son más disfrutables)

Considerando estos criterios, y utilizando mapas de carreteras (principalmente Google Maps) y uno que otro sitio de internet, he elaborado el siguiente itinerario. Menciono los lugares donde pasaré la noche. El punto de inicio es Scrabster, en la costa norte de Escocia (ahí llegará mi ferry procedente de Stromness en las islas Orkney):
File:Lochnessmonster.jpg
Voy a recorrer la costa de Loch Ness. Si
tengo suerte quizá logre ver a Nessie.

Jul-21: Helmsdale
Jul-22: Inverness
Jul-23: Fort William
Jul-24: Oban
Jul-25: Lochranza
Jul-26: descanso 1 en Lochranza (isla de Arran)
Jul-27: Paisley
Jul-28: Edinburgo
Jul-29: descanso 2 en Edinburgo
Jul-30: Berwick-upon-Tweed
Jul-31: Newcastle-upon-Tyne
Aug-1: Middlesbrough
Aug-2: Scarborough
File:LochNessUrquhart.jpg
Urquhart Castle, en Loch Ness
Aug-3: York
Aug-4: descanso 3 en York
Aug-5: Sheffield
Aug-6: Nottingham
Aug-7: Coventry
Aug-8: descanso 4 en Coventry
Aug-9: Cheltenham
Aug-10: Bath
Aug-11: Southampton/Portsmouth


Escencialmente, la ruta es así: bajar las Highlands escocesas por el oeste, hasta la isla de Arran; cruzar el corredor urbano Glasgow-Stirling-Edinburgh de oeste a este; bajar por la costa hasta Berwick-upon-Tweed (frontera Escocia-Inglaterra); seguir bajando por la costa de Northumberland y Yorkshire, hasta llegar a Scarborough; luego seguir tierra adentro, hasta York, y luego por las midlands hasta llegar a Coventry. Luego de Coventry, bajar por los Cotswolds y de ahí al sur por Dorset y Somerset, hasta terminar en Portsmouth o Southampton (ahí tomaré un ferry a Francia).



View Long ride to the south in a larger map


Las fechas son sujetas a cambios, pero es probable que la ruta se mantenga (salvo que aparezca información nueva que me haga cambiar de parecer, por ejemplo la existencia de una ruta alternativa más escénica). La longitud total es de 968 millas, o 1557 kilómetros, que recorreré en 18 días “activos” acompañados de 4 días de descanso. Al final de esta ruta habré recorrido más de 3,300 kilómetros en territorio británico, con lo cual creo que estaré muy bien preparado (al menos físicamente) para cruzar el resto de Europa. 

19 jul 2012

Las Highlands escocesas y las islas Orkney en fotos

Acabo de crear un álbum en Flickr con las mejores fotos que he tomado en el norte de Escocia. Chéquenlas aquí . Paisajes y sitios en las Highlands escocesas, la costa norte, y las islas Orkney.


La vida en dos ruedas

Varias personas me han pedido que escriba en mayor detalle sobre la experiencia de viajar solo en bicicleta. A raíz de esta petición, he reflexionado sobre algunos aspectos de esta nueva rutina, en la cual ya llevo casi 4 semanas. El primer aspecto importante de mi nueva vida cotidiana es la fugacidad con la que transito por pueblos, ciudades y sitios de hospedaje. Despierto casi cada día en un lugar distinto –a veces en una tienda de campaña, a veces en un dormitorio de hostal, otras veces en una habitación de hotel o de bed&breakfast. En los últimos 24 días me he hospedado en 22 lugares distintos. Cada mañana debo empacar mis pertenencias en mis seis alforjas (panniers), que van montadas en mi bicicleta. El proceso es cada vez más eficiente, pero aún dura al menos 20 minutos. 

El asunto de empacar suele ser caótico, es inevitable
La vista al interior de mi tienda de campaña. Es suficientemente
grande para mí y todas mis pertenencias, pero nada más.

El desayuno británico: tocino, salchichas, huevo, frijoles cocidos,
pan tostado, a veces jitomate y champiñones.
Luego de bañarme y desayunar, me preparo para subir al sillín de la bicicleta: coloco la computadora de viaje en su sitio (el aparato que me dice la distancia viajada, velocidad promedio, etcétera), me pongo el casco y los guantes, y si está lloviendo me pongo mis pantalones waterproof y mis botines de lluvia (básicamente, el plástico que cubre mis zapatos para evitar que se mojen). Ah, algo fundamental: rellenar las botellas de agua (llevo tres). Esto último es fácil de olvidar, y se paga caro. Cuando termino con todo lo anterior, reseteo la computadora de viaje, prendo el GPS (Garmin GPS Map 62s), y comienzo a pedalear.

La computadora de viaje, fotografiada al llegar a los 1000 km
(poco después de ingresar a Escocia, el 7 de julio)
Una vez que comienzo a pedalear, hay básicamente tres escenarios: uno, donde la experiencia es agradable desde el inicio. Es clara la ruta, el terreno es plano o ligeramente accidentado, y es fácil entrar en esa fase de relajación que los anglosajones denominan “the zone”. El segundo escenario es donde la navegación es difícil: no queda claro cómo salir de la ciudad, hay demasiadas calles y carreteras, demasiados vehículos, y resulta muy estresante avanzar distancias cortas. Este escenario aparece, obviamente, cuando uno está en una metrópoli considerable. El mayor riesgo son las glorietas –roundabouts, en Gran Bretaña- porque para un ciclista es complicado ubicarse en un carril específico. Y el tercer escenario es cuando la primera sorpresa del día es una subida larga o empinada. No llevas ni diez minutos pedaleando, y ya estás sudando! He descubierto que a los señores que fundaban ciudades en Gran Bretaña les encantaba fundarlas en valles y depresiones. Por lo tanto, este tercer escenario es muy común: si bien uno disfruta llegar “de bajada” a la ciudad, al día siguiente puede ser cansado y frustrante salir de ella. Las peores, de las que he visitado, son Camborne en Cornwall y Lancaster en Lancashire. Para salir de ambas, tuve que pedalear cuesta arriba 20 o 30 minutos. Esto quiere decir que, antes de llegar a “velocidad crucero” (la velocidad que alcanzo normalmente en terreno plano –en mi caso, es de 20-23 km-h)  ya estaba bañado en sudor y ya me había terminado una botella de agua, de las tres que llevo.

Cuando el día inicia así, sabes que la pasarás mal un buen rato
¿Cuánto tiempo paso en la bicicleta en un día típico? Mi computadora de viaje (Cateye Strada Wireless) me permite saber esta cifra, puesto que el cronómetro de viaje sólo se activa cuando estoy pedaleando. En mi recorrido de punta a punta en Gran Bretaña (Land’s End a John O Groats) pedaleé 97 horas 36 minutos en 21 días. Esto equivale a 4 horas 40 minutos cada día. En realidad, el tiempo que paso “en la carretera” suele ser mucho mayor, por todos los descansos que tomo (y que no están registrados en el tiempo mencionado). Una subida larga y empinada puede requerir muchos descansos breves. Durante esos descansos aprovecho para beber agua, checar el mapa de ruta, o incluso checar emails y Facebook. En el ascenso más difícil que he realizado (la carretera A939 que conduce al Lecht Ski Centre, cerca de Corgaff, en las montañas Grampians en Escocia) probablemente estuve más tiempo descansando que pedaleando. Con una inclinación de 20% (es decir, subes 20 metros verticales por cada 100 metros horizontales) me veía obligado, por el dolor en los muslos, a detenerme cada 100 vueltas de pedal (sí, las contaba). 



El cansancio y dolor muscular te obliga a reposar, cuando
menos un par de minutos


De hecho, he estado pensando que, cuando las pendientes son tan grandes, empujar la bici puede ser un modo más rápido de llegar a la cima que pedalear y tomar descansos constantemente. En el caso de Lecht Pass, el ascenso neto –desde Corgaff- fue de poco más de 300 metros sobre una distancia de 5 kilómetros, pero tardé una hora y media (y un litro de agua, y dos barras de chocolate) en realizarlo. Como consecuencia de lo anterior, cuando tengo que realizar ascensos largos y difíciles (es decir, cruzar montañas) prefiero limitar la distancia total recorrida a menos de 70 kilómetros, dado que sé que la velocidad promedio será baja (menos de 17 km/h). Y, por el contrario, cuando tengo enfrente un terreno plano, puedo recorrer más de 100 km porque la velocidad promedio puede ser superior a 18 o 19km/h.

Ascenso de 20% de inclinación, rumbo a Lecht Pass. Es una de
las carreteras más difíciles en Escocia, vaya que sufrí para llegar
a la cima.

¿Qué hago cuando llego a mi destino? Pues el primero paso suele ser buscar alojamiento. Si hace buen clima, acampar es una opción –siempre y cuando haya un campsite cercano. Si no, busco un hostal (suelen costar entre 15 y 20 libras la noche). Como último recurso están los B&B que cuestan entre 30 y 40 libras la noche. Suelo revisar las recomendaciones de mi guía (Cycling Britain), pero de otro modo salgo a dar una vuelta por el pueblo para ver qué encuentro, o realizo una búsqueda en Google con mi teléfono celular. Es importante que los lugares donde me hospedo tengan un lugar seguro donde pueda dejar mi bicicleta (bueno, aquí en las islas Orkney me convencieron de que prácticamente no existe el crimen, así que puedo dejar mi bicicleta en la calle). Después de instalarme y desmontar todas mis alforjas, me baño y salgo a comprar comida. Ah, olvido una rutina importante! Como sólo tengo 2 juegos de ropa ciclista (jersey, bibs y calcetines) siempre –siempre- debo lavar uno luego de usarlo. El lavado es a mano y bastante rudimentario, pero suele ser suficiente. Luego dejo la ropa secándose toda la noche.

En cuanto a la comida, procuro comer mucho y gastar poco. Si el lugar donde me hospedo tiene cocina, o si estoy acampando, la opción es comprar mis propios alimentos y cocinar. Aún en los pueblos más pequeños hay tiendas que venden pasta y cosas básicas. Pero a veces me gusta darme el lujo de comer en restoranes. A veces tengo mucho antojo de comida india, y en particular de Chicken Tikka Massala, mi platillo favorito.

Pasta al pesto, cocinada con mi estufa de camping



Chicken Tikka Massala en un restorán indio en Inverness

Un aspecto importante de mi vida cotidiana es que paso mucho tiempo solo. Estar solo no me ha resultado difícil o deprimente, pero procuro comunicarme con amigos y familiares por distintos medios (emails, redes sociales, mensajería instantánea). También converso bastante con locales: afortunadamente, los británicos suelen ser amistosos y no es difícil entablar la conversación con ellos en muchos sitios. En particular, suelo conversar, aunque sea unos minutos, con los dueños de los hostales, campsites y B&B. Además, al viajar solo tengo tiempo para hacer todo lo que no tenía mucho tiempo para hacer en México: leer, escribir, incluso ver la televisión de vez en cuando. Y más importante aún: al viajar solo gozo de una libertad plena, una libertad como nunca antes había experimentado, porque cada día está lleno de posibilidades que me siguen emocionando.

 ¿Preferiría estar viajando con un amigo? Por supuesto que sería divertido, pero creo que no es tan fácil como suena. De Lancaster a Braemar (7 días, 640 km) estuve pedaleando con un amigo alemán, y me di cuenta de varios temas problemáticos para dos ciclistas que viajan juntos. Primero, la condición física: mi amigo tenía mejor condición, y por lo tanto era bastante más rápido. Me tenía que esperar, a veces un cuarto de hora o más, en la cima de colinas y montañas. Luego, la disparidad de equipajes. Yo estoy viajando con mucho equipaje, porque voy preparado para viajar todo un año, llevo equipo de camping y reservas de alimento, etcétera. Mi amigo llevaba poco equipaje, su viaje estaba previsto para unos cuantos días. Esta disparidad exacerbaba la disparidad de velocidades antes mencionada. Bueno, pero la velocidad de viaje sólo es un tema de conflicto potencial. Hay otros: decidir dónde almorzar, dónde cenar y dónde hospedarte resulta mucho más complicado cuando viajan dos personas y no una. Diferencias en gustos, presupuestos y estados de ánimo pueden derivar en largas y complicadas discusiones para tomar estas decisiones tan básicas. En fin, creo que viajar solo en bicicleta tiene ventajas y desventajas respecto a viajar acompañado, pero hasta este momento he disfrutado mucho la experiencia a pesar de la intermitente soledad inherente a este proyecto.


18 jul 2012

Se me acabó la tierra (misión cumplida!)

Luego de 21 días de pedalear, y tras haber recorrido 1711 kilómetros, el pasado lunes 16 de julio finalmente llegué a John O Groates, con lo cual finalicé el recorrido de punta a punta de Gran Bretaña. Literalmente, se me acabó la tierra. Obviamente, en la meta no había nada ni nadie, pero a mí no me importaba. Pude hacer realidad lo que hace apenas unos meses, o incluso semanas, era sólo un sueño. Cuando comencé a pedalear en Land's End, hace menos de 4 semanas, estaba en mala condición física y creí que quizá tardaría meses en llegar a John O Groats. Pero el cuerpo se acostumbró rápidamente a la rutina ciclista. Pedalear cinco horas efectivas al día es cansado, pero no agotador. Cruzar Gran Bretaña en bicicleta es una cuestión de voluntad y determinación, no de condición física: en el camino conocí a personas de más de 60 años que realizaban el mismo recorrido. De hecho, un hombre llamado David, de Nottingham,  realizón un recorrido paralelo al mío: lo conocí en Appleby, en el norte de Inglaterra, hace dos semanas y luego lo volví a encontrar en John O Groats. David tiene 66 años y completó su travesía casi en el mismo tiempo que yo. La edad promedio de los ciclistas que encontré en el camino debe ser de más de 50 años. Claramente, la edad no es un obstáculo para viajar grandes distancias en bicicleta!
Donde se acaba la tierra: John O Groats, en el extremo noreste de Escocia

Luego de llegar a la meta, me di cuenta que ya no tenía una ruta en concreto. El plan había sido llegar a John O Groats, pero, ¿y luego? Había estado pedaleando hacia el norte, pero obviamente eso ya no se podía, había llegado al fin de la isla. Fue entonces cuando recordé lo que varias personas me habían dicho de las islas Orkney: que eran un lugar muy especial, rico en sitios arqueológicos y en historia medieval. Que eran islas de granjeros y pescadores, pero con todos los servicios y comodidades del "British mainland". Así que, cuando en la oficina de turismo de John O Groats me dijeron que había un ferry a Burwick (la punta sur de South Ronaldsay, la más austral de las islas Orkney) no lo pensé dos veces y decidí dirigirme al muelle. Ahora estoy en Kirkwall, la capital de las Orkney, un pueblo de 8,500 personas que, para los estándares regionales, es una megalópolis. Creo que estaré cuatro o cinco días en estas islas antes de volver a Gran Bretaña y emprender el viaje ciclista de regreso al sur de Inglaterra -donde tomaré un ferry para Francia, a mediados de agosto. Las islas Orkney son curiosas por su compleja identidad: originalmente fueron colonizadas por los vikingos, y permanecieron bajo dominio noruego hasta el siglo XV. De hecho, la bandera de las Orkney es casi idéntica a la de Noruega, excepto por un detalle: en la bandera noruega la cruz azul tiene un marco blanco, y no amarillo. Los vínculos entre las Orkney y Escandinavia son obvios al caminar por las calles de Kirkwall: en el mero centro de la ciudad está el "Centre for Nordic Studies" del Orkney College, y las tiendas de souvenirs están muy cargadas hacia la mitología nórdica. 

File:2007 Flag of Orkney.svg
La bandera de las islas Orkney tiene el
mismo diseño que las banderas nórdicas
(Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca,
Islandia, Islas Feroe, etc)
Esta hermosa bicicleta (Surly LHT) se comportó excelente a lo largo
de todo el viaje! Gracias a Mosquito Bikes en Londres tengo una
máquina confiable y sólida, que me permitirá llegar muy lejos.




Cruzando Gran Bretaña en cifras

Algunos datos curiosos de mi travesía ciclista de Land's End a John O Groats:
  • 1711 kilómetros recorridos en total
  • En promedio 81.5 km al día 
  • Distancia máxima en un día: 126 km de Northwich a Lancaster.
  • 97 horas y 36 minutos pedaleando
  • Velocidad promedio de 17.5 kilómetros por hora
  • Día más rápido: 20.2 km/h de Penrith (Cumbria, Inglaterra) a Hawick (Scottish Borders, Escocia)
  • Día más lento: 14.1 km/h de Land's End a Camborne (Cornwall, Inglaterra... el primer día)
  • Velocidad máxima alcanzada: 70.3 km/h en el trayecto de Bodmin a Zeal Monachorum, en Cornwall y Devon, Inglaterra.
  • Precio promedio de hospedaje: 26.6 libras
  • Noches en:
    • Hotel: 5
    • Bed & Breakfast: 6
    • Hostal: 7
    • Noches acampando: 
  • Ponchaduras: 2 en el trayecto de Braemar a Grantown-on-Spey
  • Días de sol: 1.5
  • Días de nubes: 21.5
  • Días de lluvia: Más de 15 (sólo 1 día de lluvia intensa)
Wheems Farm, un campsite en South Ronaldsay, en las islas Orkney.
Excelente ubicación, sólo 5 libras la noche.




6 jul 2012

Cruzando Gran Bretaña

Pues no, no he podido escribir mucho en las últimas semanas. De hecho, no he escrito nada. He estado muy ocupado con un proyecto que ha consumido casi la totalidad de mis días: cruzar Gran Bretaña de sur a norte en bicicleta, de Land's End en Inglaterra a John O Groates en Escocia. Escribo estas líneas desde un hostal en Edimburgo, Escocia. Ya me falta poco. He pedaleado 1140 kilómetros, y me faltan poco más de 600, o sea 7 días más en el sillín. Pero falta lo más difícil: cruzar las Highlands de Escocia, las montañas Grampians, que son las más altas de toda Gran Bretaña. Y si algo he aprendido en estos 13 días de pedalear intensamente, es que las montañas pueden complicar muchísimo las cosas. Pedalear 120 kilómetros en terreno plano es cosa fácil, sólo es cuestión de invertir 6 o 7 horas. Pero escalar 300 metros verticales en tan solo unos kilómetros puede ser un suplicio... Y en las Highlands, los ascensos en un día son de hasta 600 metros. Bueno, mejor ni pensar en eso ahora mismo -ya llegará la hora! Y de cualquier modo, es inevitable y no hay nada qué hacer, sino aplicar una cantidad bestial de energía y tomar descansos cuando el cuerpo los pide.

El inicio

Los primeros días fueron difíciles. En particular el primer día. Realmente no me preparé físicamente para este viaje, y he pagado el precio. El 23 de junio recogí mi bicicleta de una tienda en Londres (Mosquito Bikes en Islington -se las recomiendo ampliamente si un día planean hacer ciclismo en Gran Bretaña) y en seguida tomé un tren hacia Penzance, una pequeña ciudad en el extremo suroeste de Cornwall, que es el condado más austral y occidental de Inglaterra. Llegué a Penzance a las 6 de la tarde, y a esa hora pretendí dirigirme, pedaleando, a un campamento (campsite) ubicado a unos 10 km al oeste de la ciudad. Vaya mala idea. Llovia, hacía viento, y yo no tenía mapas. A mi celular se le acabó la pila, así que ni siquiera tenía Google Maps. Además, las calles de Penzance resultaron ser de una inclinación brutal, para la cual yo no estaba preparado. Cuando logré salir de la ciudad, me di cuenta que no tenía la más remota idea de dónde estaba el campsite, aparte de la información que ya mencioné (10 km al oeste). Luego de 2 horas, tras haber recorrido 20 km en medio de una tormenta, totalmente empapado, volví a Penzance y busqué un hotel. Encontré uno bastante mediocre, llamado Carlton Hotel, cuyo dueño pretendía hacerme un favor al permitirme hospedarme en su propiedad. Pero en ese momento ya nada importaba, yo sólo quería un baño caliente y una cama donde dormir. Creo que aún alcancé a ver los minutos finales de un juego de la Eurocopa y acabé comiendo comida pseudo-Thai en un restorán que atendía una mesera de Ucrania.

Al día siguiente inició formalmente la aventura -el viaja ciclista de Land's End a John O Groates. Land's End está 16 km al oeste de Penzance, y John O Groates está a casi 1700 km de distancia. Es la ruta que cruza la totalidad de Gran Bretaña, de norte a sur y de oeste a este. El 24 de junio yo estaba listo para comenzar este recorrido. Pero llegar al punto inicial -a Land's End- fue una aventura que yo no tenía planeada. Básicamente, estaba exhausto apenas al salir de Penzance. La primera colina casi me deja tendido sobre el asfalto. Me maldije por no haberme preparado físicamente. Tuve que empujar la bici para subir una, dos, tres colinas. Cuando me quedaba apenas 1 km para llegar a Land's End, un par de jóvenes peatones me miraron, sonrieron y dijeron "You are almost there!", creyendo que estaba completando el viaje desde John O Groates! Tan cansado y descompuesto me veía, aún antes de llegar al punto de salida.

En Land's End, donde todo inició el 24 de junio

Ese día recorri 65 km y llegué a un pueblo llamado Camborne, en Cornwall. Los últimos kilómetros fueron durísimos, y otra vez tuve que empujar la bici en las subidas. Un ciclista local llamado Melvin me vio, perdido y agotado, y me preguntó si tenía dónde hospedarme. Le dije que no. Me dijo cómo llegar al hotel más cercano. Le di las gracias y se fue. Tres minutos después, Melvin volvió, y me dijo que me acompañaría al hotel para garantizar que pudiera encontrarlo. Nos llevó 15 o 20 minutos pedalear o caminar hasta un hotel Premier Inn, que resultó ser bastante más caro de lo que yo esperaba. Pero no había de otra: era el primer día y estaba cansadísimo. Creo que dormí 10 horas aquella noche, y al despertar aún me dolían las piernas.

Los días siguientes las cosas mejoraron gradualmente. Mi cuerpo se acostumbró bastante rápido a la rutina ciclista: levantarme, bañarme, desayunar, pedalear tres horas, almorzar, pedalear otras tres o cuatro horas, cenar, dormir. Si el primer día sólo pude pedalear 65 km en ocho horas, al día siguiente logré recorrer 62 km en la mitad de tiempo. El tercer día pedalée 86 km, y el cuarto 113 km. Desde entonces, he mantenido un promedio diario de 85 km, que es una cifra razonable (equivale a pasar entre cinco y seis horas en la bicicleta cada día). Las colinas y montañas me siguen costando trabajo, pero sé que con una combinación de esfuerzo y descansos breves es posible superarlas.

Entrando a Escocia el 5 de julio, luego de cruzar Inglaterra


Pedalear a través del campo y de los pueblitos es una actividad muy placentera. La bicicleta y el cuerpo humano están en armonía entre sí, pero también con la naturaleza. Las bicicletas no ahuyentan a las ovejas, a las vacas, a las cabras y a otros animales comunes en esta isla. Las bicicletas son silenciosas: en caminos poco transitados, el único ruido que se oye es el de los pájaros y el de las ramas de árboles que mece el viento. Pedalear cinco o seis horas al día puede parecer mucho pero no lo es: la mayor parte del tiempo uno va disfrutando los paisajes, pensando en cualquier cosa, decidiendo dónde comer o dónde hospedarse. Creo que es un estilo de vida más sencillo y disfrutable de lo que a algunos les parece.

Lo que sigue

El próximo sábado 14 de julio espero llegar a John O Groates en Escocia. Será el fin del inicio. Luego vendrá la 2a etapa: pedalear de vuelta al sur de Inglaterra, esta vez recorriendo la costa este de Gran Bretaña. Luego tomaré un ferry a Francia e iniciaré la 3era etapa: pedalear de algún punto en Francia (donde sea que me deje el ferry) a Estambul, cruzando la mayor parte de Europa occidental, central y oriental. 


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19 jun 2012

La primera semana: Filadelfia, Nueva York y Reykjavik

Difícil de creer que hoy cumplo una semana viajando! El tiempo se me ha pasado muy rápido. Hace una semana volé de México D.F. a Filadelfia. Dos días después tomé un autobús a Nueva York, y hace dos días (el domingo 17) volé de NY a Reykjavik. En los EUA me hospedé con amigos: David y Anca en Filadelfia, Lorenzo y Galina en Nueva York. Muchas gracias por su hospitalidad! Ahora, en Reykjavik, Islandia, estoy hospedado en el hostal Kex. Un sitio muy agradable, excepto por el hecho de que se les olvidó ir a recogerme al aeropuerto! Afortunadamente, pude tomar otro autobús, aunque perdí media hora.

Uno de los objetivos de mi viaje a los EUA fue comprar o recoger gran parte de mi equipo de camping: en las 2 semanas previas compré en internet, principalmente en REI y en Amazon, artículos como una tienda de camping, sleeping bag y sleeping mat, estufa de camping, etcétera. Todos fueron enviados a casa de David y Anca en Filadelfia. Esto quiere decir que, cuando finalmente llegué ahí el martes en la noche, me topé con una colección de cajas y una sensación de Navidad adelantada. Quiero decir, Navidad como si tuviera otra vez 6 años! Abrí caja tras caja con la ilusión de un niño abrumado por "regalos": pasó tanto tiempo entre la compra de estos artículos en internet y mi llegada a Filadelfia, que realmente había olvidado muchas de las cosas que había comprado. Pero todo estaba ahí, y todo funciona muy bien! 
En Filadelfia también visité el campus de la Universidad de Pennsylvania, mi alma máter, que recientemente construyó un impresionante complejo deportivo -Penn Park- en lo que antes eran terrenos en desuso de la compañía postal estadounidense (USPS). Pero al cabo de dos días abordé un autobús a Nueva York -MegaBus, $1.50 dólares! Llegué a casa de Lorenzo y Galina, en el extremo norte de Manhattan, calle 175. Nueva York fue, en esta ocasión, un destino de shopping: en tres días visité tres veces la tienda REI, que es un lugar extraordinario para comprar todo lo relacionado con expediciones, camping y deportes de aventura (incluyendo ciclismo). REI es una cooperativa de la cual recientemente me volví miembro (para disfrutar rebajas, por supuesto). La atención al cliente es excelente: en 3 días devolví 2 productos, y recibí un reembolso inmediatamente. También me gusta el hecho de que los empleados de la tienda realmente te ayudan a lo largo de todo el proceso de selección de artículos, y te ayudan a resolver todas tus dudas. En mi caso, el artículo más importante que me faltaba comprar era un GPS. Finalmente me decidí por el Garmin 62s. Ya tuve oportunidad de probarlo en las montañas de Islandia: funciona muy bien! Imposible perderte con este aparato.
En Nueva York la avenida Broadway fue peatonalizada hace unos años.
Ahora es una gran plaza lineal, siempre llena de turistas. Es como si en el DF
peatonalizaran Paseo de la Reforma. Un gran acierto del alcalde Bloomberg.
Además de los productos de camping y de expedición, en NY compré mi primera cámara DSLR: una Canon Rebel T3i. Desde hace unos 9 meses había estado analizando las opciones de cámaras para llevar en mi viaje. Al final me decidí por la T3i porque (a) tiene excelentes reseñas, (b) su precio es moderado (750 por el kit con lente 18-55mm, y 950 dólares por el kit con lente 18-135mm IS) y (c) es una cámara con la que podré aprender mucho. Es decir, no es tan avanzada como para confundirme y frustrarme, pero me ofrece la capacidad de ir descubriendo "features" poco a poco, conforme desarrolle mi conocimiento técnico y estético de la fotografía. La cámara la compré en B&H, la famosa tienda de fotografía en la calle 34, atendida casi exclusivamente por judíos ortodoxos.
Una de las primeras fotos que saqué con mi nueva cámara Canon Rebel T3i:
el icónico Empire State Builing (que, por cierto, otra vez dejó de ser el
edificio más alto de Manhattan: ahora lo es la Liberty Tower)
Disfruté mucho mi tiempo en Filadelfia y NY, particularmente la convivencia con amigos de la universidad. Pero el domingo volé a Islandia, con miras a disfrutar una experiencia completamente distinta. Es mi tercera visita a este remoto país en la mitad del océano Atlántico, ubicado justo debajo del Círculo Polar Ártico. En esta ocasión, al igual que hace 2 años, estoy haciendo una escala de 3 días en mi trayecto de Nueva York a Londres. Ya he descrito este esquema de Icelandair en otro post. 
Mi llegada al país fue peculiar: el avión aterrizó a las 11.40 PM, y el sol aún brillaba sobre el horizonte! Mi hostal olvidó pasar a recogerme, por lo cual estuvo dando vueltas por el aeropuerto durante media hora. Al termino de ésta, abordé un autobús turístico rumbo a la ciudad, de esos que van dejando a la gente en sus hoteles. Para cuando llegué al Hostal KEX, en el centro de la ciudad, ya era la 1.30 AM. Ahí siguieron los problemas: al recepcionista le tomó casi un cuarto de hora encontrar mi reservación! El problema es que me habían apuntado con mi segundo apellido, en vez del primero. Luego de instalarme en mi dormitorio de 16 camas (todas ocupadas con seres durmientes, excepto la mía) bajé a la recepción a pedir una llave para un locker. El recepcionista me dijo que primero tenía que hacer un depósito de 1000 coronas islandesas (krónur), aproximadamente 110 pesos. Y tenía que ser en efectivo. Dado que yo no había cambiado dinero aún, el recepcionista sugirió que fuera caminando a un ATM. Bueno, creo que normalmente no es buena idea caminar solo a un cajero automático a las 2 AM en ninguna ciudad. Pero sucede que, en el verano islandés, las 2 AM no son la hora de oscuridad que domina en otras latitudes. Realmente nunca deja de haber luz en Islandia en esta época del año: el sol se oculta un par de horas bajo el horizonte, pero el ocaso dura hasta el amanecer. No hay oscuridad. Además, Reykjavik es una de las ciudades más seguras del mundo. Por lo tanto, acepté la sugerencia del recepcionista de ir caminando al ATM y de paso fui a una tienda de conveniencia a comprar mi cena. 
Panorámica del centro de Reykjavik, una ciudad limpia y bonita
rodeada de mar. Es la capital más norteña (septentrional) del mundo.
Al día siguiente, luego de disfrutar el excelente desayuno buffet del hostal KEX, hice lo que siempre hago cuando estoy en Reykjavik: fui a una de sus múltiples albercas públicas. Bueno, son mucho más que albercas: son centros acuáticos, o de plano Spas, con jacuzzis al aire libre, baños de vapor, regaderas, salones de masaje, etcétera. El costo de admisión? 500 krónur, o sea 55 pesos mexicanos. Sobra decir que las instalaciones son extraordinarias, impecables y modernas, al nivel de los clubes más caros de México.
En la tarde decidí que era un buen día para realizar una breve expedición a la cima del monte Esja, ubicado unos 20km al norte de Reykjavik, con un altura de 800 metros sobre el nivel del mar. Bueno, Wikipedia me informa que Esja no es una montaña, sino una cordillera montañosa de origen volcánico, y que su altura no es 800 metros sino 914 metros. Pero la cima de la cordillera es casi plana, y se extiende por muchos kilómetros. Esja domina cualquier panorámica de Reykjavik en dirección norte, y por lo tanto juega un papel similar al Ajusco en el DF. Escalar la montaña no es difícil, lleva aproximadamente una hora y media a una persona razonablemente sana.
Monte Esja, 800 metros
Sólo en Islandia se me ocurriría iniciar el ascenso de una montaña a las 5 PM. Pero en este lugar, en esta época del año, jamás oscurece, y en todo caso el sol apenas se oculta un par de horas pasada la media noche. Antes de tomar los dos autobuses con dirección a Esja (autobús 15 de Hlemmur a Hoholt, seguido del 57) compré dos litros de agua, mucho pan y mucho chocolate. Me puse pantalones términos y empaqué una chamarra gruesa de dos partes (rompevientos y suéter) así como guantes y gorro. Ah, y empaqué también mi recién comprado GPS Garmin 62s para que me resultara imposible perderme aún en la niebla. Si bien al nivel del mar la temperatura era de 13 o 14 grados centígrados al momento de comenzar el ascenso, es bien sabido que la temperatura del aire desciende unos 0.65 grados centígrados cada 100 metros de altura. Por lo tanto, era razonable suponer que las temperaturas en la cima serían de unos cuantos grados centígrados. Si a eso le sumamos el factor viento y el descenso de temperatura que acompaña al anochecer (aún si realmente no anochece tanto), hay aún más razones para ir bien abrigados a una montaña en un contexto cuasi-ártico. Aparte de comida, agua y ropa de frío, llevé mi recién comprada cámara Canon para no dejar escapar ninguna oportunidad de sacar fotos espectaculares.
GPSMAP Garmin 62s en la cima de Esja. Está en el modo de Travel Computer.


Un reloj solar marca la cima de Esja. Las nubes empezaban a
rodearme, aunque nunca fueorn un reto serio a la visibilidad. 
Todo salió muy bien. En realidad Esja es una montaña muy domesticada, la ruta está muy bien marcada (incluso hay 7 signposts con un mapa de ruta y texto en islandés) y es difícil perderse aún en condiciones de baja visibilidad. En el camino me topé con muchas familias y personas de todas edades, incluso niños y ancianos. Dado que Islandia tiene menos de 300 mil habitantes, es razonable suponer que un porcentaje considerable de la población nacional estaba escalando Esja ayer. Con muchas pausas para tomar fotos, llegué a la cima en unas dos horas. Luego caminé en la cima un buen rato, y emprendí mi retorno a las 8 PM. El descenso apenas me llevó una hora. Al volver al estacionamiento ubicado sobre la carretera, al inicio de la ruta de montaña, me di cuenta que el próximo autobús a Reykjavik pasaría a las 10 PM. Así que simplemente me puse en la carretera y levanté mi pulgar. El primer carro -insisto, el PRIMERO- se detuvo. El conductor me dijo que no iba a Reykjavik, pero que me podía dejar muy cerca. Subí al carro. Era un hombre muy amable, que también acababa de subir la montaña. Me dijo que trabajaba como terapista de un banco, lo cual me pareció curioso. Justo me dejó en una parada de autobús, donde esperé escasos diez minutos a que pasara la siguiente unidad, que me llevó rápidamente al centro de Reykjavik. Después de un baño y una cena austera, estuve listo para irme a dormir.

En la cima de Esja, antes de que nos atrapara la niebla. Atrás se ven
los suburbios del este de Reykjavik.


La cima de Esja es una plataforma de decenas de kilómetros
cuadrados. Todo a mi alrededor se veía así: piedra volcánica.
Bueno, hoy es mi penúltimo día en Reykjavik. Mañana vuelo a Londres. Creo que iré a pasear por la ciudad, y en algún punto iré a comer una sopa de langosta al célebre restorán Saegriffin (Barón del Mar) en el puerto. Luego iré a una alberca pública y quizá a la galería nacional. En la tarde veré en el pub del hostal los juegos de la Eurocopa. Mi próxima entrada del blog probablemente será desde Londres. Hasta pronto! 






12 jun 2012

Día D: inicia la aventura

Llegó el día D, el tan ansiado 12 de junio y con ello el inicio de mi expedición por el mundo. Como suele suceder en este tipo de ocasiones, el tiempo se me vino encima como una avalancha y no logré hacer todo lo que quería en anticipación a este viaje. Objetivamente, la planeación "técnica" del viaje ha salido bien (no hay que cantar victoria aún) pero la velocidad con la que abandoné mi vida cotidiana en el DF fue tal que aún me cuesta asimilarlo. En un espacio de diez días dejé de trabajar, me despedí de colegas del trabajo, de amigos y de familiares, y empaqué algunas pertenencias en mi viejo backpack. De ser un oficinista que acudía gustosamente a trabajar cada mañana, pasé a ser sencillamente un joven con sed de viajar. Soy el mismo, pero las circunstancias han cambiado. Es momento de hacer realidad mi sueño.  

No todo ha sido fácil. Al despedirme de varios amigos y familiares sentí una tristeza peculiar: comprendí que estaba dejando atrás a seres queridos que le dan sentido a mi vida, para iniciar un viaje solitario en búsqueda de aventura, en búsqueda de lo incierto y de lo exótico. Estoy convencido de que bien vale la pena llevar a cabo este proyecto. Pero creo que no había pensado en lo difícil que sería despedirme de personas tan valiosas, y que tal despedida sería tan súbita. Les echaré de menos y desearía que me pudieran acompañar. Al mismo tiempo, es muy afortunado que la tecnología nos permita mantenernos en contacto con tanta facilidad, con amigos en cualquier parte del mundo. Si bien la tecnología no reemplaza el contacto humano y la convivencia directa, al menos nos permite compartir con nuestros amigos y seres queridos mensajes, fotos y videos en tiempo real. Así, estas personas pueden ser partícipes de nuestras aventuras y acompañarnos desde cualquier parte del mundo. Suena fácil todo esto en la 2ª década del siglo XX, pero es increíble lo distinto que era viajar apenas hace 20 años, cuando las postales, las cartas y el teléfono eran la única opción para comunicarnos con el resto del mundo. 

Así luzco al iniciar el Día D. 
Ayer me afeité la cabeza, completita. Fue un gesto simbólico: no me afeitaré ni me cortaré el cabello de manera indefinida, de modo que baste un espejo para recordarme lo mucho (o poco) que llevo viajando. 

Hoy vuelo a Filadelfia vía Miami. En Filadelfia estaré un par de noches con un amigo ecuatoriano de la universidad y su novia. El jueves salgo para Nueva York en autobús. Ahí estaré tres noches con un amigo mexicano y su novia. El domingo vuelo a Reykjavik, Islandia, donde me hospedaré tres noches en el hostal Kex. Finalmente, el miércoles 20 llego a Londres, y será al día siguiente cuando finalmente acuda a Mosquito Bikes a recoger mi bicicleta –mi Surly Long Haul Trucker. El sábado 23 tomaré un tren de Londres a Penzance, y el día siguiente iniciaré mi recorrido de 1,700 kilómetros de Land’s End a John O Groates en bicicleta. 

El reloj marca las 12.48 AM y creo que es hora de intentar conciliar el sueño, cuando menos unas cuatro horas. Hoy es un día importante. Es el inicio de una experiencia que seguramente cambiará mi vida –no, más bien, de una experiencia que se convertirá en mi vida. Una nueva vida llena de libertad, aventura e incertidumbre. Hasta la próxima!

12 may 2012

Gran Bretaña de punta a punta

En exactamente un mes -el 12 de junio- me voy de México para iniciar una aventura transcontinental sin límite de tiempo. Aunque mi travesía ciclista comenzará oficialmente en Land's End, Inglaterra, el 24 de junio, en los 12 días precedentes estaré brevemente en Filadelfia (2 noches), Nueva York (3 noches), Reykjavik (3 noches) y Londres (3 noches). Será en ésta última ciudad que finalmente tendré en mis manos la máquina a tracción humana que me permitirá recorrer los miles de kilómetros que separan a Europa occidental del Lejano Oriente: la Surly Long Haul Trucker. Esta bicicleta de touring goza de una excelente reputación y ofrece una muy buena relación calidad-precio. Voy a comprar la bicicleta de la tienda londinense Mosquito Bikes (ubicada en Islington). Esta tienda ofrece un excelente servicio al cliente y esta fue la razón que me llevó a elegirlos (Brixton Cycles es la tienda/cooperativa ciclista más grande pero en algún punto dejaron de responder a mis emails...) 

Antes de intentar viajar de Pekín a París en bicicleta, entrenaré cuerpo y mente en Gran Bretaña, cruzando la isla de punta a punta y de vuelta. El 23 de junio tomaré un tren de Londres a Penzance, en Cornwall (la puntita del suroeste de Inglaterra). Trece kilómetros al suroeste de Penzance se ubica Land's End que, como su nombre lo indica, es el "fin de la tierra". Aparte de eso, Land's End no tiene nada de especial, pero es el punto de partida de la mítica ruta Land's End - John O Groates (abreviado LEJOG). Esta ruta comunica la extremidad suroeste de Gran Bretaña con la extremidad noreste. Aunque hay varios recorridos posibles, la distancia "tradicional" entre los dos puntos extremos es de 874 millas (1406 kilómetros, casi la misma distancia que separa a la Ciudad de México de San Antonio, TX). Cada año miles de personas completan el viaje de Land's End a John O Groates -principalmente en bicicleta, pero hay quien lo hace corriendo o caminando! Es una especia de peregrinaje secular, similar al Camino de Santiago en su capacidad para inspirar a gente de todo el mundo (muchos de quienes realizan el recorrido para recolectar fondos para fines caritativos).  Yo realizaré el recorrido sencillamente para entrenar para el resto de mi recorrido en Europa continental y Asia. 

File:Landsendsignpost.jpg
El famoso signpost de Land's End. Si vas a hacer el recorrido a
 John O Groates, una foto con este letrero es obligada!
La ruta que yo voy a seguir es la sugerida por Lonely Planet en su libro Cycling Britain. Es una ruta pensada para 20 días, factible para seres humanos que con bicicletas totalmente cargadas (por supuesto, hay atletas de élite que cruzan Gran Bretaña en nueve o diez días, normalmente sin mucho equipaje a cuestas). Esta duración implica una distancia diaria promedio de 70 kilómetros, que se recorren en entre 4 y 6 horas (dependiendo de la magnitud y dirección del viento, las subidas y bajadas, etc). La ruta sugerida por Lonely Planet va algo así (las marcas rojas son los lugares de inicio y fin de cada día.. es decir, lugares donde LP recomienda dormir):



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Mi plan es acampar (en camping sites) dos noches por cada noche que me hospede en hostales o casas de huéspedes (bed & breakfast). También estoy considerando CouchSurfing (si quieres saber más sobre CS checa el post que escribí) y WarmShowers, que es parecido a CS pero enfocado a ciclistas viajeros. Nunca he viajado en bicicleta, a pesar de que he estado leyendo mucho al respecto en meses recientes y contactado a varios expertos, hay cosas que tendré que resolver sobre la marcha. Sólo espero no tener problemas con la bicicleta! Estoy listo para arreglar, digamos, una ponchadura, pero problemas más sofisticados requerirán una visita a la bike shop más cercana. Afortunadamente, en un país con tan alta densidad poblacional y con una cultura ciclista bastante desarrollada, eso no debe ser difícil. 

File:John o' Groats.JPG
La meta es llegar aquì: John O Groates, el extremo noreste de Gran Bretaña. Un signpost indica la distancia a Land's End.

El clima en Gran Bretaña es impredecible en cualquier época del año. Típicamente llueve mucho en julio y agosto, aunque los días son muy largos. Las temperaturas difícilmente superan los 25 grados, pero pueden bajar hasta los 10 grados o menos en un mal día. Si puedo cruzar esta isla en bicicleta sin dificultades, estaré listo para el siguiente reto: París a Pekín, a partir de fines de agosto o principios de septiembre.