19 sept 2012

Siguiendo el Rin

Mi llegada a Alemania fue un tanto accidental. El sábado salí de Utrecht, Holanda con dirección este, y planeaba pasar la noche en Nijmegen -no porque hubiera algo especial, sino porque era una ciudad a unos 80 km de distancia y estaba iniciando mi día ciclista muy tarde (1 PM). En el camino un incidente menor: más o menos a dos tercios del recorrido un mosquito se me metió al ojo, mismo que se puso rojo y empezó a arder. No tengo espejo, y por lo tanto no podía saber en qué parte de la región ocular estaba el maldito insecto. Incluso, en mi desesperación, creí que quizá podía tomar una foto de mi ojo y así ubicar al animal. Como pueden ver abajo, la idea no prosperó.

El mosquito estaba debajo de mi párpado inferior
Afortunadamente, unos minutos más tarde encontré un café. Pedí un capuccino y de inmediato me dirigí al baño, donde con ayuda de un espejo pude retirar al intruso, que para entonces ya estaba bien muerto. Eso es lo que pasa cuando te quitas los lentes oscuros! En este viaje me han entrado ya muchos mosquitos a los ojos y a la boca (ninguna mosca, afortunadamente). Los lentes oscuros protegen tus ojos del polvo, el viento, el sol y los insectos volantes (tip de viaje!).

Llegué a Nijmegen a las 6 PM y comencé a buscar lugares para hospedarme. Usando el internet 3G de mi Kindle (que es gratis en todo el mundo!) busqué hostales. No había. Busqué sitios de camping. No había en muchos kilómetros a la redonda. Luego pensé, por qué tengo que quedarme en este sitio? Aún tenía energía, el clima era agradable, y aún tenía agua. Seguí pedaleando, y muy pronto crucé la frontera alemana. Como es usual, no había ningún tipo de monumento ni ninguna bandera, apenas un letrero indicando los límites de velocidad en el país y otro con la bienvenida al estado de Nordrhein-Wesftalen. Se trata del estado más poblado de Alemania (18 millones de habitantes) y también el más importante económicamente (contiene la enorme región industrial del río Rin, quizá la más grande de Europa).

El estado más poblado de Alemania me da la bienvenida
Unos 20 km luego de ingresar a territorio alemán llegué a la ciudad de Kleve. Usando mi Kindle y mi GPS, logré ubicar el albergue de la juventud (Jugenherberge). Estaba en lo alto de una colina, mi primer ascenso desde Francia. Al llegar al albergue, vi varias personas en el lobby, pero para mi desgracia la recepción estaba vacía. Había un letrero en alemán, no tengo idea qué decía pero incluía un número de teléfono. Supuse que decía que, en caso que la recepción estuviera cerrada, había que marcar a ese teléfono. Lamentablemente, desde Francia no tengo crédito en mi celular.

Pero, como siempre, la gente está ahí para ayudar (siempre y cuando ambas partes hablen inglés, u otro idioma común). Le expliqué mi situación a una pareja de alemanes de treinta y tantos años. Se ofrecieron a marcarle al gerente del albergue, a lo cual obviamente respondí que sí, que por favor lo hicieran. La noticia buena: sí había disponibilidad en el albergue. La mala: el gerente llegaría en una hora y media, y hasta esa hora yo tendría que esperar. Eran las ocho de la noche y yo estaba cansado tras haber recorrido 98 km. Pero la mala noticia se convertiría, como suele ocurrir, en una oportunidad de intercambio cultural. La pareja de alemanes me invitó a acompañarlos a uno de los comedores, para beber una cerveza. Ahí encontré un grupo de unos ocho o diez alemanes, todos amigos, originarios de Essen (una ciudad cercana, parte de la agolmeración Duisburg-Essen-Dortmund, la más grande de Alemania). Brindamos y me dieron la bienvenida a Alemania! Luego me preguntaron si había cenado, y me ayudaron a ordenar una pizza por teléfono. 

Para cuando llegó el gerente al albergue, yo ya había cenado y estaba socializando felizmente. El gerente, un señor de más de 60 años, hablaba un inglés excelente. Me indicó que tendría una habitación entera a mi disposición, por el módico precio de 18 Euros. Subí a mi cuarto y me pareció impecable, una habitación casi de hotel de tres estrellas, excepto por la ausencia de TV y el hecho que yo tuve que hacer mi cama (siempre es así en estos albergues). Fui a dormirme contento, con la emoción de estar en un nuevo país, rodeado otra vez de personas amables y generosas.

Una de las curiosidades de este albergue es que en el baño
hay letreros como éste.

La vista desde mi habitación del albergue en Kleve (Deutsche-
Jugenherberge Kleve) en lo alto de una colina.

Decidí quedarme 2 noches en Kleve porque, según yo, dedicaría un día entero a "aclimatarme" a Alemania, a planear mi ruta a través del país y a comprar un phrasebook de alemán para cuando menos aprender a leer y hablar palabras y frases esenciales. Lo malo es que olvidé que el día siguiente sería domingo, cuando casi todo cierra (excepto cafés y restoranes). No pude comprar mapas ni phrasebooks. Para colmo, el gerente del hostal me dio un voucher de 2 horas para el Wifi, al cabo de las cuales me quedé sin conexión a internet (y el gerente se fue a algún lugar por el resto del día). Así pues, luego de dar una vuelta por el pueblo volví al albergue y, como la cocina estaba cerrada con llave, tuve que preparar una pasta usando mi estufa de camping, en el jardín. En esas estaba cuando llegaron al hostal dos personajes que me alegraron el día. Martin y Chris, ingleses radicados en la bella ciudad de Durham, estaban pasando por Kleve en su recorrido de Metz (Francia) a Rotterdam (Holanda), siguiendo el río Rin hacia su desembocadura en el mar del Norte.   Yo ya estaba resignado a pasar un domingo solitario y aburrido, leyendo en la calma absoluta del jardín del albergue. Estos inesperados visitantes fueron lo mejor que me pudo haber pasado: platicamos sobre nuestros viajes en bicicleta, sobre Inglaterra y sobre la vida, literalmente hasta que nos apagaron la luz del hostal a las 10.30 PM. Intercambiamos bromas, anécdotas y recomendaciones de lectura. 

Martin y Chris, los ingleses (oriundos de Durham y Londres,
respectivamente) que conocí en el hostal de Kleve, Alemania.
Al día siguiente nos despedimos y partimos en direcciones opuestas, no sin antes intercambiar direcciones de e-mail. Yo me dirigí hacia Düsseldorf, pero antes pasé a una librería (buchhandlung!) a comprar mi atlas de carreteras de Alemania y mi diccionario inglés-alemán de bolsillo. Desde mi Kindle también compré un libro de alemán para principiantes (gramática básica y phrasebook), dado que no había libros para German-learners en la librería. Es verdad que poco podré aprender en los 10 o 12 días que esté en Alemania, pero lo que sea que aprenda será útil. Mi vocabulario crece día con día, hoy ya pude pedir un kebab en alemán. Aunque la inmensa mayoría de los alemanes hablan bien inglés, me he topado con varias personas (sobre todo mayores) que no lo hablan nada, nada. Al menos quiero ser capaz de decir de dónde soy y qué estoy haciendo. Ich bin Gabriel, ich bin Mexikaner. Ich bin mit dem Fahrrad unterwegs durch Europa. Ahora lamento no haber aprendido algo de alemán en la universidad!

Mi Kindle, desplegando mi libro de gramática básica del alemán,
y mi diccionario inglés-alemán (pensado para alemanes que
quieren aprender inglés y no al revés, por lo cual no me ayuda
con la fonética del alemán).
Pasé una noche en Düsseldorf, tras cruzar un sinfin de parques industriales, muchas ciudades y algunos campos de maíz. En Europa continental el maíz parece ser el cultivo más común, en contraste con Gran Bretaña (donde no recuerdo haberlo visto). Es increíble cómo se ha globalizado el maíz (y de muchos otros cereales y cultivos). En México siempre escucho que existen no sé cuántas variedades de maíz. Me pregunto cuántas se cultivan actualmente en Europa. En mi muy inexperta opinión, el maíz europeo es principalmente de la variedad amarilla, es decir, maíz dulce o "gringo", en contraste con el maíz blanco que predomina en México. Lo que no sé, es cómo lo comen (aparte de las ensaladas). Quizá sólo lo usan para alimentar animales.

Maíz alemán
Para llegar a Düsseldorf, capital de Nordrhein-Westfal, tuve que cruzar el río Rin. Pero no lo hice en uno de esos gigantescos puentes de acero. Preferí utilizar un pequeño ferry. El pasaje costó 1.80 Euros. En esta parte de Alemania el Rin tiene unos 500 metros de ancho. Aunque era más importante económicamente durante la era industrial, el Rin sigue siendo un río muy transitado. En diez minutos uno ve pasar al menos cinco embarcaciones, la mayoría de transporte de carga pero también cruceros turísticos.

Así crucé el río Rin, en un mini-ferry. 80 centavos de Euro por viaje.

Düsseldorf, capital de Nordrhein-Westfalen
En Düsseldorf sólo estuve una noche, y al día siguiente continúe pedaleando al lado del Rin. Llegué a Colonia. Esta ciudad, la 4ª más grande de Alemania (después de Berlin, Munich y Hamburgo) cuenta con una famosa y espectacular catedral gótica, la más grande de Europa del norte y la 2ª más alta, con 157 metros del piso a la cúspide de sus torres (Ulm Minster, en el suroeste de Alemania, es la iglesia más alta del mundo, con una torre de 162 metros).

95% de Colonia fue devastada en la 2ª guerra mundial, pero la catedral, pese a sufrir daños considerables, resistió los bombardeos aliados. Hoy es el imán turístico de Colonia, que por lo demás no tiene muchos atractivos. De hecho, según Wikipedia esta catedral es el edificio más visitado de Alemania, con 20 mil visitantes diarios. La construcción de esta catedral inició en 1248 pero terminó en 1880. Sucede que en 1473, luego de 225 años de construcción, la obra fue abandonada por los siguientes 400 años! Si ustedes creían que la interrupción en la construcción del Hotel de México/WTC Ciudad de México había sido demasiado larga, la historia de la catedral de Colonia pone las cosas en perspectiva.  

La catedral de Colonia fue el edificio más alto del mundo
de 1880 a 1884, cuando Ulm Minster fue terminada

El interior de la catedral es aún más impresionante que su exterior. Los
vitrales son realmente espectaculares, narrando múltiples historias
de la Biblia.
Catedral de Colonia

Los próximos días: mañana jueves seguiré mi recorrido al sureste, siguiendo el río Rin, parando en Koblenz. El viernes o sábado estaré llegando a Frankfurt-am-Main. A partir de ahí, me dirigiré al este, hacia la República Checa. El otoño ya llegó con todo a estas latitudes y las temperaturas son notablemente más bajas que hace unas cuantas semanas. Por ello, no puedo demorar mucho en mi trayecto hacia Estambul.

18 sept 2012

Los países planos: Bélgica y Holanda en bici

Tengo una relación de amor-odio con las colinas. Subirlas puede ser una experiencia difícil, a menudo llena de frustración y de fatiga muscular. En Escocia, los ascensos de montaña en las Highlands me obligaban a tomar descansos cada dos o tres minutos en tramos con inclinación de hasta 20% (es decir, asciendes 20 metros verticales por cada 100 metros horizontales). No hay nada más frustrante que subir una montaña a 5 km/h mientras los autos te rebasan a 50 o 60 kp/h (los automovilistas deben creer que soy masoquista). Pero la satisfacción de conquistar la cima es enorme, y obviamente es proporcional a la dificultad del ascenso. Y luego del ascenso, viene el descenso, que no hace sino exacerbar tu alegría desbordante.
Las montañas le dan sabor a la experiencia ciclista
Las montañas también son importantes por otras razones. En primer lugar, al subirlas tienes vistas panorámicas de las regiones circundantes. En segundo lugar, te permiten transitar de una región geográfica a otra -normalmente de un valle a otro- con cambios tangibles en el estado del tiempo, la vegetación, la fauna y el viento. Y en tercer lugar, las colinas -las subidas y bajadas- te permiten pensar en tu trayecto como una serie de pequeños retos, acompañados de recompensas inmediatas.

Ciclovía en Holanda. Una excelente infraestructura ciclista no
necesariamente se traduce en paseos interesantes... 


¿Qué tiene que ver todo lo anterior con mi viaje? Que Bélgica y Holanda, pese a ser los países más "cycle-friendly" que he visto hasta ahora (con la mejor infraestructura ciclista, y el mayor número de ciclistas en las calles y carreteras), son aburridos precisamente porque son países planos, sin colinas. Nunca había visto tantas ciclovías (literalmente, cada calle y carretera tiene una), pero nunca imaginé que pudiera ser tan aburrido pedalear en ellas! Son paisajes absurdamente planos, carentes de rasgos distintivos, "featureless" dirían nuestros vecinos del norte. Pedealeas cuatro o cinco horas en ciclovías al lado de carreteras muy transitadas, cruzando parques industriales, suburbios sin fin, campos monótonos (maíz, vacas, cebollas, trigo) y cuando llegas a tu destino te preguntas qué diablos hiciste todo el día. No, no les recomiendo viajar en bici en estos países, no es interesante, aunque moverse al interior de sus ciudades en bicicleta es una delicia (bueno, a veces hay tantos ciclistas que te pones nervioso, estás a punto de chocar con ellos en cada cruce y muchos van hablando por celular). 

Ahora estoy en Alemania, donde sí hay colinas. Mi experiencia en Bélgica y Holanda fue muy grata, pero pedalear en esos países no fue muy interesante. Iniciando en Dunquerque, Francia, visité (en este orden) Brujas, Gante, Bruselas y Amberes en Bélgica, y luego Rotterdam, Amsterdam y Utrecht en Holanda. Todos estos lugares valen la pena, y hay muchos otros destinos de primer nivel en estos países, pero transportarse en bici en ellos no es necesariamente una experiencia fascinante. He hablado con otros ciclistas sobre este tema y concuerdan conmigo, Bélgica y Holanda no son los destinos más emocionantes para recorrer en bicicleta. 

Observar la operación de los canales navegables y sus sistemas de exclusas
fue una de las cosas más interesantes en estos países. Hay una gran cantidad
de canales, construidos a partir de la Revolución Industrial en el siglo XIX, que
en ocasiones se comunican a través de sistemas de exclusas como el de la foto
para resolver las diferencias del nivel de agua. 
Bueno, ya hablé suficiente sobre la carencia de relieve de la topografía de Bélgica y Holanda, un hecho geográfico sobre el cual no pueden hacer nada. Pero ahora voy a reconocerles una cosa a estos países: son un ejemplo mundial en cuanto a promoción del uso de la bicicleta y de la movilidad sustentable. Nunca he visto países con una mejor infraestructura para ciclistas: ciclovías, señalizaciones (destinos de direcciones y su distancia, semáforos, etc), estacionamientos públicos (y gratuitos) para bicis en casi todas las calles, reglas de tránsito que favorecen al ciclista y lo protegen, y que son obedecidas por los automovilistas y peatones. Es realmente increíble que prácticamente todas las calles y carreteras cuenten con una ciclovía o un ciclocarril (o será que es algo muy sencillo, pero que a los gobernantes de casi todas las ciudades del mundo no les interesa realmente?). 


Gracias a esta infraestructura física y jurídica, Bélgica (cuando menos Flandes) y Holanda son dos de los países con mayores niveles de uso de la bicicleta para realizar trayectos cotidianos. Desde la infancia hasta la vejez, la gente en estos países usa la bici para ir a la escuela, al supermercado, al trabajo, a visitar amigos, o incluso para llegar a las fiestas, bares y discotecas. En estos países el uso de la bicicleta nunca ha sido estigmatizado o asociado a un bajo estatus social (en contraste con lo que sucede en México, donde mucha gente usa la expresión "pueblo bicicletero" para referirse despectivamente a un pueblo poco "moderno"). Quizá deberíamos aprender de ellos, antes de que sea demasiado tarde. 

Todo mundo en la bici! Amberes, Bélgica
Mapa completo de mi recorrido por Bélgica y Holanda, en forma de "S", con longitud total de aproximadamente 450 kilómetros:



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16 sept 2012

Reencuentro con Tintín

« Au fond, vous savez, mon seul rival international, c’est Tintin ! Nous sommes les petits qui ne se laissent pas avoir par les grands»

"En el fondo, usted sabe, mi único rival internacional, es Tintín! Nosotros somos los dos pequeños que no se dejan jalonear por los grandotes." 

-General Charles de Gaulle, presidente de Francia (1959-1969) en una entrevista en 1969 con André Malraux

La experiencia más importante de mi visita a Bélgica no ocurrió sobre el sillín de la bicicleta. Fue la visita a al Museo Hergé -el museo de la vida y obra del creador y autor de la serie de dibujos animados Las Aventuras de Tintín- en Louvain-la-Neuve, una ciudad universitaria a unos 30 km al sureste de Bruselas. El domingo pasado dediqué la mayor parte del día a visitar este museo (de hecho, hice una pausa para comer durante mi visita al museo, y luego volví con el mismo boleto). El museo cumplió con mis expectativas: hoy comprendo mucho mejor la obra de Hergé y en particular el contexto de Las Aventuras de Tintín, una obra fundamental para entender la evolución de la conciencia occidental en el Siglo XX. Hoy en día Tintín ha sido traducido a más de 60 idiomas y se han vendido más de 200 millones de álbumes en todos los rincones del mundo. Es, junto con la cerveza y el chocolate, el mayor regalo de Bélgica al mundo, y Hergé es quizá el belga más célebre de la historia. Tintín, como señalaba Charles de Gaulle, es un héroe europeo de carácter universal.
Nuestro héroe Tintín y su leal
amigo y mascota, Milú

Pero, ¿qué es Tintín? ¿acaso no se trata de una serie más de dibujos animados, una de muchas tantas? No voy a decir que Tintín es superior o fundamentalmente distinto de todos los otros cómics, pero creo que hay elementos que lo hacen especial. En mi opinión, lo increíble de Tintín es que lo puedes leer y releer muchas veces, y te sigue divirtiendo. Es una obra de muchas capas, como una cebolla. Cuando lees Tintín a los ocho o nueve años, te enfocas en las aventuras, la acción, el peligro y el riesgo, la lucha del bien contra el mal, y las situaciones cómicas. No importa si vives en México o en Noruega o en Namibia: las aventuras de Tintín  son universalmente divertidas y, los valores que transmite (amistad, lealtad, honestidad, honradez, la defensa de los débiles ante los abusos de los poderosos) no conocen fronteras.


Tintín fue el primer hombre en caminar
en la Luna... en 1954, 15 años antes de
Neil Armostrong y el Apollo 11
Cuando relees Tintín unos años más tarde, digamos en la adolescencia, las cosas se ponen más interesantes. Al ubicar cada álbum en su contexto histórico (todos datan de entre 1929 y 1986) comienzas a notar la evolución de la conciencia política de Tintín y de Hergé, que de cierto modo refleja también la evolución de la conciencia europea en el Siglo XX. Por ejemplo, Tintín en el Congo (1930) muestra la visión del colonialismo que se tenía en la Europa de la época: se creía, incluso en círculos educados y progresistas, que las naciones europeas tenían el deber de civilizar África, y que en el fondo los africanos eran prácticamente niños y por lo tanto merecían ser tratados de forma paternalista. Es un álbum racista, que refleja la mentalidad europea de la época. Los estereotipos y clichés sobre países extranjeros y culturas no-occidentales abundan en los primeros cuatro álbumes.

Gradualmente, la conciencia política e histórica de Hergé evoluciona y su postura respecto al colonialismo europeo cambia por compleo. En El Loto Azul (1936) ya vemos una crítica frontal al colonialismo europeo en China, y Hergé se mofa sobre los estereotipos sobre China que predominaban en Europa en aquel entonces. También critica, en El Cetro de Ottokar, los movimientos fascistas de los años 30, y en la posguerra condena y ridiculiza los regímenes totalitarios y autoritarios tanto en Europa como en América Latina. Las narrativas políticas de los álbumes de la post-guerra también son más sofisticadas, al dejar atrás los maniqueísmos burdos (buenos vs malos) que predominan en los primeros álbumes. Aparecen personajes ambiguos, difíciles de descifrar, en quienes Tintín no sabe si debe confiar. Lo único que es constante a lo largo de toda la serie es el humanismo y la conciencia ética de Tintín (ver la cita de De Gaulle que puse arriba) pero el contexto en el que se desempeña cambia profundamente con el paso de los álbumes (es decir, con el paso del tiempo). En en décadas y siglos futuros, los historiadores y sociólogos encontrarán en Tintín elementos muy valiosos para entender el pensamiento político europeo en el Siglo XX.

El Museo Hergé en Louvain-la-Neuve, Bélgica

Pero creo que lo más valioso de Tintín es que es una obra que siembra una fascinación perdurable por el mundo, sus culturas y sus pueblos. Tintín te inspira a viajar, a descubrir este mundo tan diverso y a tratar de apreciarlo y entenderlo. A los ocho años mis padres me regalaron el álbum Tintin en América, y de ahí me seguí con todos los demás títulos de la serie. En gran medida, Tintín forjó mi visión del mundo y sembró en mi una conciencia, aunque sea tenue, de temas que después estudiaría en mayor detalle en el colegio y la universidad, como el colonialismo, el autoritarismo y la discriminación racial. Con Tintín viajé a todos los continentes, e incluso pisé la Luna, sin siquiera tener que salir de mi casa en la Ciudad de México. Sin duda, el viaje en bicicleta que actualmente estoy realizando es en parte el resultado de haber leído y releído Tintín desde la infancia: Tintín te enseña que el mundo está ahí para ser explorado, y que un sinfín de aventuras esperan a quien decide dar el salto hacia afuera. 

10 sept 2012

Mapa del recorrido completo

Aquí está un mapa inédito de mi recorrido hasta ahora (10 de septiembre). 4633 kilómetros pedaleados en cuatro países (Escocia, Inglaterra, Francia y Bélgica). Han sido 80 días en total: 56 días de pedalear y 24 días para descansar, turistear, socializar y demás. En el mapa, más que marcar mi ruta exacta (las carreteras que tomé) estoy marcando los lugares donde pasé la noche (pueblos, ciudades, aldeas). Las marcas azules son los lugares donde me hospedé en la primera etapa del viaje (cruzar Gran Bretaña de sur a norte). Las marcas rojas son sitios donde me hospedé en la segunda etapa (cruzar Gran Bretaña de nuevo, de norte a sur). Y finalmente, las marcas verdes son las de la etapa actual: cruzar Europa de oeste a este, comenzando en Cherbourg, Francia!



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El país que no quería serlo: Bélgica

"¿Qué te viene a la mente cuando piensas en mi país, Bélgica?" le pregunta Chris, un bruxellois (nativo de Bruselas), a David, un francés con quien comparto la habitación del hostal. En un segundo, David responde: "Un país absurdo". Chris, obviamente habituado a ese tipo de respuesta, esboza una sonrisa. Yo simplemente escucho y miro, perplejo.

Mañana salgo de Bélgica. Llegué a este país hace ocho días, proveniente de Francia. Visité Brujas, Gante, Bruselas y Amberes. Es un país pequeño, y puedo decir que prácticamente lo he recorrido de este a oeste y de norte a sur, visitando sus principales ciudades. Pero aún no logro responder la pregunta: ¿Qué es Bélgica? Voy a explicar por qué.

Con una extensión similar a la del estado mexicano de Guanajuato (30 mil kilómetros cuadrados), y con una población de 11 millones, Bélgica es un lugar muy interesante. Para empezar, es una nación muy nueva  (creada en 1830) en el corazón de un continente de naciones muy viejas. Luego, es un país sin idioma propio, que está dividido en dos regiones que hablan idiomas distintos: en Flandes (Vlandereen), la región norte, se habla holandés (el idioma oficial, aunque algunos lo llaman "flamenco") y en la Valonia (Wallonie), la región sur, se habla francés. En la capital, Bruselas, se habla predominantemente francés, aunque es oficialmente una ciudad bilingüe y se ubica en la región flamenca. 

Los flamencos son culturalmente muy cercanos a los holandeses, y los valonios a los franceses. ¿Por qué, entonces, Bélgica existe como país? Es como si entre México y EUA hubiera un tercer país, habitado tanto por americanos como por mexicanos. Bueno, un belga me dijo en un hostal en Francia que Bélgica fue concebida como un búfer entre Holanda y Francia: como era territorio en disputa, decidieron convertirlo en nación independiente. No sé si es una explicación rigurosa, pero en todo caso lo dijo un belga, y los detalles de la creación de este país escapan mi conocimiento en este momento.

Abajo pueden ver un mapa de Bélgica: la región de habla holandesa (Flandes) está pintada de amarillo, la región de habla francesa (Valonia) está pintada de rojo, y Bruselas (bilingüe, francés y holandés) es el polígono naranja. En el extremo sureste de Bélgica hay una pequeña comunidad de germano-parlantes (0.70% de la población, 75 mil personas) en la región oficialmente francófona:


Amarillo: Flandes, Rojo: Valonia, Naranja: Bruselas,
Franjas rojas y azules:  localidades de habla alemana.

La división lingüística de Bélgica es cosa seria. Los flamencos y los valonios no se quieren. En los años 60 el país se dividió formalmente en las regiones que acabo de describir. En Flandes los letreros están en holandés, en Valonia están en francés, y en Bruselas están en los dos idiomas (aunque la publicidad, que refleja lo que la gente realmente habla, está casi toda en francés). Flandes es una región considerablemente más rica e industrializada que la Valonia, y esta última depende mucho del sistema de bienestar social del gobierno federal belga.

Cuando llegué a Bélgica, apenas encontré un letrero que
me daba la bienvenida a Flandes... en holandés, claro.

Entre 2007 y 2011 Bélgica estuvo sumida en una profunda crisis política, que parecía que podría resultar en la escisión (separación) de Flandes, que al parecer ya no quería seguir apoyando a sus hermanos francófonos. Estos últimos ya estaban preparados, en caso de la independencia flamenca, para unirse a Francia, convirtiéndose en la región 28 de la nación gala (con la cual la Valonia tiene tanto en común). Es decir, durante un tiempo parecía que la desaparición de Bélgica era un escenario posible: Flandes hubiera permanecido como nación independiente, y la Valonia hubiera sido anexada por Francia (las localidades de habla alemana hubieran sido absorbidas por Alemania). Pero a final de cuentas no fue necesario tomar una decisión tan drástica. Luego de 541 días sin conformar un nuevo gobierno, luego de las elecciones de mayo de 2010, en diciembre de 2011 Bélgica puso fin a su crisis política. Flandes quería mayor autonomía, y lo logró. Veremos qué pasa. Por lo pronto, Bélgica sigue siendo, más que una nación, un país dividido en dos naciones, los flamencos y los valonios.

La primera vez que vi este letero me saqué de onda. Claramente me
competía a mí (ciclista). Qué es UIT-GE-ZON-DERD? Luego averigüé
que quiere decir "excepto". O sea, que yo sí puedes transitar por ahí. Bien!

Los reyes de la cerveza

Otra cosa interesante de Bélgica es que esta diminuta nación del tamaño de Guanajuato, y de sólo 11 millones de habitantes, domina la industria global de la cerveza, y también produce -discutiblemente- las mejores cervezas del mundo. La cerveza es una de las pocas cosas que une a los flamencos y valonios: quizá no sean muy nacionalistas, pero los belgas defenderán siempre la supremacía -en cantidad y calidad- de la cerveza belga. La empresa de cerveza más grande del mundo -Anheuser-Busch InBev- es mayoritariamente belga (parcialmente brasileña) y está basada en Leuven, en Flandes, Bélgica. Esta empresa, por sí sola, controla 25% del mercado mundial de la cerveza. Y, si eres mexicano, quizá te interese saber que este año Anheuser-Busch InBev va a comprar Grupo Modelo, por nada más 20 mil millones de dólares. Será la transacción corporativa más grande en la historia de México. Los belgas serán propietarios de la marca Corona, que es la marca mexicana más conocida en el mundo. Nada más y nada menos. 

Además de tener la mayor empresa cervecera del mundo, Bélgica produce el mayor número de variedades de cerveza. Según un excelente artículo de The Economist (diciembre 15, 2011): 1131 cervezas disponibles comercialmente hasta el año pasado. Desde que estoy en Bélgica he probado muchos tipos de cerveza (es lo que uno viene a hacer aquí, no?). Las mejores son las que producen los monjes (sí, los monjes) de la orden trapista (no es broma). Sólo hay siete monasterios trapistas que producen cerveza, seis de ellos en Bélgica.

Cerveza Chimay, mi favorita. Producto
de los monjes trapistas en la ciudad homónima,
en la Valonia (sur de Bélgica).
Bélgica también es líder mundial en otros campos. El chocolate belga es quizá el mejor del mundo, junto con el suizo (pero no sé si hay forma de medir la calidad objetivamente). Bélgica también domina en el negocio de los diamantes (por siglos, Amberes ha sido la capital mundial de estas joyas) y es la cuna de las papas a la francesa (que deberían ser llamadas papas a la belga, aunque suene raro). Las ciudades belgas están llenas de tiendas de papas fritas, pero aquí nadie las come con catsup: hay una gran variedad de salsas disponibles, para aderezar las papas. La mejor que he probado es la salsa andaluz: mayonesa, catsup y pimiento. 

Pommes-1.jpg
Delicatessen belga

Pero, en mi muy humilde opinión, lo más curioso de Bélgica es la incongruencia entre lo mucho que han logrado y lo poco que se enorgullecen de su país. No me refiero sólo a la cerveza, las papas fritas, los ostiones o el bordado flamenco. No: me refiero al hecho de que Bélgica es una de las naciones más prósperas del mundo, y también una de las más cosmopolitas. Para clarificar este último punto, veamos el tema de los idiomas: los belgas hablan, en promedio, entre 3 y 4 idiomas. Muchos hablan mucho más. Todos hablan holandés, francés e inglés. Muchos otros también dominan el alemán y el español. De hecho, Bélgica es el único lugar de todo el viaje donde he hablado español con personas que no hablan español como lengua nativa. No es mi intención componer una "oda a Bélgica" en este espacio, sólo indicar que los belgas deberían ser un poco menos cabizbajos sobre su país: tienen dinero, tienen cerveza, tienen papas fritas, hablan muchos idiomas, y además Bruselas es la capital política de Europa. Poca cosa?

Ahh! Hay algo más. Bélgica le obsequió al mundo algo mucho más valioso que todo lo anterior: Tintín. Pero de eso hablaré en el siguiente post...



Todo el viaje, en fotos

Por fin organicé mis fotos de los cuatro países que he recorrido hasta ahora -Inglaterra, Escocia, Francia y Bélgica- en mi página de Flickr. Para poder compartir estas fotos mi modesta audiencia no-hispanoparlante, he decidido escribir las descripciones y títulos en inglés. Los álbumes de Escocia e Inglaterra están aquí, los de Francia están aquí y los de Bélgica aquí. Espero los disfruten, y recuerden que sus comentarios son bienvenidos!

Gante, Bélgica

Au revoir la France!

Después de pasar dos semanas en Normandía, el pasado lunes 3 terminé mi recorrido por Francia a toda velocidad, cruzando los departamentos de Picardía, Paso de Calais y Norte (Nord) sin detenerme más que para dormir y para tomar una que otra foto en algún pueblo pintoresco. Partiendo de Rouen en dirección noreste, bastaron 3 días para recorrer 369 kilómetros y así llegar a la famosa ciudad medieval de Brujas en Bélgica. Fueron los 3 días más intensos en la bicicleta, pero la geografía y los elementos naturales fueron generosos conmigo: las colinas se volvieron cada vez más pequeñas, hasta desaparecer por completo al norte de Pas de Calais, y no llovió ni un sólo día (pese a los persistentes cielos nublados).

Este letrero indica que ya estás en Bélgica. Sí, así de discreto.
Los belgas no son para nada nacionalistas. Ni siquiera una bandera.

A continuación un mapa de mi ruta en Francia. Bueno, más que delinear exactamente mi ruta, puse marcadores en los sitios donde me hospedé al menos una noche. En St. Pierre-sur-Dives, y en Honfleur, pasé dos noches pero realicé un paseo circular (circuito) por la región. En Cherbourg estuve 3 noches, en Caen también 3, en Rouen 2, en los demás sitios sólo pasé una noche:


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En total, en Francia recorrí 1004 kilómetros en poco más de 49 horas de pedaleo. Esto quiere decir que mi velocidad promedio en el país fue de 20.3 kilómetros por hora -cifra significativamente más alta que los 17.6 km/h que promedié en Gran Bretaña. En parte, esto se debe a que ahora tengo mejor condición física que hace un mes o dos, pero sobre todo a la ausencia de montañas en mi recorrido por Francia. Si quieren ver las estadísticas de mi recorrido por Francia -y de hecho, de todo el viaje hasta ahora- sólo deben hacer click aquí. Disfruté mucho mi recorrido por Francia. No hubo accidentes ni problemas. Cuando entré al país el odómetro (que mide la distancia total recorrida por la bicicleta, como si fuera un auto) marcaba 3380 kilómetros, y cuando crucé a Bélgica marcaba 4384.

Francia es un país extraordinario y también es un paraíso para quienes viajan en bicicleta. En el camino me crucé con grupos de ciclistas, principalmente personas de más de 50 o 60 años (no siempre cargando su equipaje -tenían una camioneta con chofer que lo transportaba cada día a su hotel). Creo que viajar en bicicleta es, de hecho, más fácil en Francia que en Gran Bretaña, por la mayor densidad de automóviles por kilómetro de carretera en este último país. Francia tiene una densa red de carreteras principales, secundarias y rurales, todas en excelente condición, por lo cual es posible elegir rutas donde prácticamente no tienes que compartir el camino con vehículos motorizados.

Panorámica de Le Tréport, ciudad costera en
 el extremo norte de la Alta Normandía

31 ago 2012

El país del buen vivir

"¡Cuidado con el jabalí!" me advierte un conductor que viene en la dirección contraria, y que segundos atrás me había hecho la señal para que me detuviera. Yo, que no tengo mucha idea de animales salvajes, me imaginé una bestia tipo Pumbaa del Rey León -un jabalí con enormes colmillos, capaz de destruir todo a su paso. Desconcertado o incluso angustiado, le pregunté al amable conductor si, en ese caso, no sería mejor buscar una ruta alternativa (contexto: estamos en una carretera secundaria en Normandía, entre una granja y unas tierras de cultivo). Pero me dijo que no, que solamente había que tener cuidado ¡de no chocar con la criatura! Bueno, metros adelante mi desilusión (y mi alivio) fue grande al ver que el célebre jabalí no era sino un puerquito peludo y café, que trotaba alegremente en dirección opuesta a la carretera. Era claro que la pobre criatura no tenía idea de lo que hacía, aunque de algún modo había (supongo) burlado la valla de su granja. Recuperé mi aliento y seguí adelante, no sin antes observar el odómetro (el contador de distancia de mi bicicleta). Marcaba 3997 km. Me emocioné. Pedalée otros 3 km a toda velocidad, hasta llegar a la mágica cifra de 4000 kilómetros, y entonces me detuve: 

Cuatro mil kilómetros
Al iniciar esta aventura calculé que, para llegar a Asia en bicicleta (más precisamente, al Lejano Oriente) tendría que pedalear algo así como 16 mil kilómetros. Ya llevo una cuarta parte! Aunque claro, estoy iniciando por los países más fáciles. Pero de cualquier modo, me da gusto haber completado una distancia que hace unos meses me parecía tan lejana. Y sobre todo, me da gusto que estoy físicamente al 100%, que puedo acabar mis recorridos diarios de 90, 100 o 120 km entero y sin dolores de ningún tipo, y que la bici me ha respondido muy, muy bien y no le he tenido que cambiar nada. No recuerdo si lo mencioné en este espacio pero hace unas semanas llevé mi bici a una tienda en Oxford, Inglaterra para que la revisaran y le dieran mantenimiento a los cables de los frenos y de los desviadores. Me dijeron que la bici estaba en perfecto estado!

La expedición al día de hoy

Al término de mi segunda semana en Francia estoy en la bella ciudad de Rouen, capital de la Alta Normandía. Hasta el día de ayer, mi viaje por este país se había circunscrito a la región de Baja Normandía (cuya capital es Caen). Francia metropolitana tiene 22 regiones, así que a este paso tardaría 11 meses en recorrerlas todas! Claramente, este es un país donde hay mucho que ver y disfrutar, y en este viaje si acaso podré explorar superficialmente las tres regiones por las que voy a pasar (Baja y Alta Normandía, y la región Nord-Pas de Calais, más al norte). Ya habrá oportunidad de volver y visitar otras regiones. Por lo pronto, estoy a unos 330 km de Brujas, que será mi primer destino en Bélgica. Poco a poco iré trazando mi ruta, como lo he hecho hasta ahora.

Planear la ruta es una actividad tan necesaria como entretenida.
La infinidad de posibilidades que revelan los mapas es alentadora.
Pero, sin importar qué tan detallada es la planeación, siempre
habrá sorpresas en el camino.


La neta sobre Francia

Estoy disfrutando mucho mi recorrido por Francia. Como escribí hace unos días, se trata del país más visitado del mundo -y por mucho. En 2011, el país recibió casi 80 millones de turistas extranjeros. El 2o país más visitado, los EUA, recibieron 62 millones (México, que ocupa la décima posición en el ranking de visitantes extranjeros, apenas recibió 24 millones en 2011). Francia es un país que desde hace siglos se ha preocupado por fomentar la refinación, la excelencia y la estética en casi todo lo que hace -desde los vinos hasta los edificios, pasando por la ropa, la música, la comida y el diseño gráfico, los franceses se especializan en agasajar los sentidos. Este es el país del buen vivir (la joie de vivire), y es evidente que la enorme mayoría de la población no la pasa nada mal. Hoy leía en el semanario Le Point que, pese a la crisis económica europea y la alta tasa de desempleo, la mayoría de los franceses aún cree que su sistema de bienestar social es el mejor del mundo. Quizá haya una dosis de chauvinismo en esta creencia (Chauvin era francés, a final de cuentas) pero creo que los franceses no pueden estar tan equivocados. Realmente son afortunados, y su país es hermoso. Además, para alguien que viaja en bicicleta, es mucho más fácil encontrar carreteras secundarias poco transitadas que en Gran Bretaña (un país tres veces más chico, pero con la misma población). 

Campos dorados, adornados por enormes torres de paja,
y carreteras secundarias en perfecto estado pero poco
transitadas. Una delicia para visitar en bicicleta, Francia.
Mi experiencia en Francia se ha visto enriquecida por dos razones importantes: una, que estoy redescubriendo la lengua francesa, que estudié 4 años en la universidad pero que nunca había podido practicar realmente. Me encanta leer los periódicos y las revistas, escuchar la radio y conversar con la gente, y descubrir ese mundo elegante y diferente que es la francofonía. La segunda razón es que he podido entablar amistad con gente de mi edad. En particular, y como escribí en el post anterior, en mi primer día en Francia -en Cherbourg- conocí a Nicolás, francés originario de Bretaña (pero radicado en Calvados) y nos hicicmos amigos. Bueno, pues el fin de semana pasado lo fui a visitar -su pueblo me quedaba de camino al este- y me beneficié de su hospitalidad por dos días. Conocí a otros amigos suyos, y realmente la pasamos muy bien. Esto es lo mejor de viajar, la gente que conoces en el camino y sobre todo las amistades que vas creando.


Almuerzo dominical con mis amigos franceses. De
izquierda a derecha: yo, Benjamin, François y Nicolas

Desayuno francés: baguette, pan, mantequilla, mermelada, café.

Galette (crepa) con jamón y queso
Destinos


En Francia mi velocidad de desplazamiento ha sido marcadamente inferior a la que registré en Gran Bretaña, principalmente porque he optado por turistear algunos días, y otros sí he hecho bicicleta pero en circuito, iniciando y terminando en el mismo sitio. De Cherbourg fui hacia Carentan, Isigny-sur-Mer y Bayeux. Luego a Caen y a St. Pierre-sur-Dives (donde habita mi amigo) y finalmente he visitado Honfleur, Le Havre (paseo diurno desde Honfleur) y finalmente Rouen. De estos sitios, mi favorito ha sido Honfleur: es un puerto repleto de edificios del medioevo y del Renacimiento, situado muy cerca de la desembocadura del río Sena.


El pintoresco puerto de Honfleur, repleto de restoranes al aire libre

Sustentabilidad financiera


En Francia he encontrado más sitios de camping que en Gran Bretaña, y éstos tienden a ser de muy alta calidad. El clima también ha sido mejor, y no me ha llovido realmente ni un solo día. Por ello, estoy acampando más seguido: acampé 1 noche en Isigny-sur-Mer, 2 en Bayeux, y 2 en Honfleur. En Cherbourg, Caen y Rouen me he hospedado en hostales (3, 3 y 2 noches respectivamente). Y obviamente, no gasté en hospedaje las 2 noches que estuve en casa de mi amigo. De este modo, mis gastos de hospedaje han sido modestos. He preferido gastar más dinero en degustar la comida francesa, aunque sea de vez en cuando. En mi opinión, tiene más sentido gastar en un restorán para almorzar que para cenar, porque la mayoría de los restoranes tienen menús fijos que van de 10 a 20 Euros. Los sitios de camping, ahora que ya terminó la temporada alta, han sido de entre 6.50 y 14 Euros. Los hostales (auberges de jeunesse) cuestan entre 13 y 22 Euros la noche. Francia es más barato que Gran Bretaña, y creo que combinando hostales con sitios de camping se puede viajar en bicicleta, comiendo bien, por entre 35 y 45 Euros al día.

Café gourmand: espresso, helado, flan,
tiramissú y mousse de chocolate


23 ago 2012

Explorando Normandía

¡Qué raro es llegar a un país en ferry! Y más aún, cuando uno viaja en bicicleta. La rampa del ferry desciende lentamente hasta alinearse perfectamente con el muelle, y los autos comienzan a descender. Los ciclistas vamos al final. Pero luego hay justicia: en la fila para pasar el control migratorio, las bicis pueden rebasar a los autos que forman filas de cientos de metros. Así pues, tres minutos luego de descender del ferry llegué a la caseta de migración. El oficial, obviamente acostumbrado a ver pasaportes franceses y británicos (o en todo caso europeos), me pregunta si necesito visa. Le digo que no, pero tiene que constatarlo en algún lado... luego regresa y me entrega mi pasaporte. "C'est tout?""Oui". Yo, que había impreso montones de estados de cuenta bancarios, pólizas de seguro de viaje, y demás documentos para probar que sólo estoy viajando, nunca imaginé que entrar a Francia fuera así de fácil. Comencé a pedalear, di vuelta en una glorieta y constaté que, en efecto, ya había ingresado a Francia y con ello ya era absolutamente libre dentro de toda la Europa occidental y central (de aquí hasta Serbia no volveré a pasar por ningún control migratorio). Este simple hecho, combinado con la emoción de estar en un nuevo país (e inmerso en otro idioma y otra cultura) me hizo tremendamente feliz. 

Listo para abordar el ferry en Portsmouth!
Llegué al hostal (auberge de jeunesse) de Cherbourg. Días atrás, había logrado realizar una reservación vía email en mi muy rústico francés (en la universidad llevé cursos de francés, pero luego de graduarme dejé de estudiarlo y practicarlo). Con algunos titubeos, le indiqué a la recepcionista que tenía una reservación, le di mi nombre y, para mi sorpresa, entendió todo muy bien. Esta fue la primera conversación que sostuve en francés en mucho, mucho tiempo. Desde entonces, prácticamente todas mis conversaciones con franceses han sido en ese idioma. Los franceses, en general, esperan que los extranjeros hablen cuando menos un poco de francés, y sólo recurren al inglés cuando de plano no hay de otra (lo cual es bueno para quienes desean practicar su francés, como yo).

Vista de Cherbourg desde el ferry. La rampa se alinea con el muelle,
los autos descienden, luego las bicis, ¡y uno está en Francia!
En mi habitación conocí a Nicolás, un bretón que también acababa de llegar a Cherbourg en ferry procedente de Irlanda, a donde fue de vacaciones. Abogado de formación, Nicolás trabaja en una escuela de agricultura en un pueblo cercano a Caen, llamado St. Pierre sur Dives. Luego de cenar, Nicolás y yo salimos a dar una vuelta por el centro de Cherbourg -era viernes en la noche. A pesar de lo rústico de mi francés, pudimos conversar un buen rato. Gran fortuna, la mía: ojalá siempre, al llegar a un país nuevo, pudiéramos encontrar un amigo y suavizar nuestra inmersión en la otra cultura. Al día siguiente, Nicolás y yo fuimos a dar una vuelta por las playas y acantilados cercanos a Cherbourg, en su auto. Luego me dejó en el hostal de Cherbourg y él emprendió el retorno St. Pierre sur Dives.


Nicolás, amigo francés a quien conocí en el hostal de Cherbourg

En total estuve tres noches en Cherbourg, durante las cuales puse en marcha la estrategia de "inmersión total": hablar francés, escuchar francés (la radio, la televisión, en conversación) y leer francés (comprar periódicos y revistas). Cherbourg, en sí, no tiene tanto chiste -es una ciudad portuaria importante pero creo que fue severamente dañada durante la 2a Guerra Mundial. Pero al tercer día volví a montar el sillín de la bicicleta y me dirigí hacia el sureste: hacia las playas del Día D, donde las tropas aliadas desembarcaron aquel 6 de junio de 1944 para liberar a Europa occidental, en las garras de la Alemania nazi. Dicen que en Historia las cosas casi nunca son en blanco y negro, pero en este caso sí lo son: las tropas aliadas (principalmente EUA-GB-NZ-Canadá-Australia-Francia Libre) liberaron a Francia y al resto de Europa occidental, creando con ellos lazos de amistad que perduran hasta nuestros días (los países de Europa del Este no corrieron con la misma suerte -sus -"liberadores" soviéticos tenían otros planes para ellos).

Abundan los memoriales del Día D, pequeños y grandes, a lo largo
de las 5 playas del desembarco (Utah, Omaha, Gold, Sword y Juno).
El Día D es quizá la maniobra militar más espectacular, exitosa y arriesgada de todos los tiempos. En unas cuantas horas, 6 mil embarcaciones procedentes de Gran Bretaña desembarcaron en las costas de Normandía, con más de 120 mil hombres a bordo. Otros 24 mil hombres fueron lanzados en paracaidas la noche anterior, para preparar el terreno para el desembarco (imagina, por un instante, ser lanzado en paracaidas, en plena oscuridad, en territorio nazi!). Los aliados lograron engañar a los nazis, haciéndoles creer que el desembarco sería más al norte, cerca de Calais (para ello utilizaron, incluso, un ejército de tanques inflables de hule!). Entre más aprendo del desembarco en Normandía, más me asombro de la astucia, inteligencia y valentía de las tropas aliadas. 

Cementerio americano, en Omaha Beach (Colleville-sur-Mer)

Batería alemana capturada en Día D (Longues-sur-Mer)

Pero bueno, es imposible ver todos los memoriales y visitar todos los museos del Día D (y de verdad hay tantos!). Después de visitar algunos, decidí que ya había visto suficiente, y que mi lección de Historia se podía dar por concluida. Proseguí mi camino al este, acampando primero en Isigny-sur-mer y luego en Bayeux. Han oído de la conquista normanda de Inglaterra? Es una historia fascinante. Guillermo el Conquistador (William The Conqueror, o Guillaume le Conquérant) se llevó 6 mil de sus mejores hombres a reclamar el trono inglés (en esa época aún no se habían unificado las coronas de Escocia y Gales... no existía tal cosa como trono británico) a su adversario Harold Godwinson (último rey anglo-sajón de Inglaterra). El chiste es que esta historia está plasmada en el famoso Tapiz de Bayeux que, como se puede intuir, está en exhibición en el pueblo homónimo. El tapiz mide más de 60 metros de largo por 50 cm de alto, y su objetivo era educar a la población (analfabeta) sobre la hazaña de su rey. No dejan tomar fotos, pero vean esta que tomé de Wikipedia:

La historia de la conquista normanda, en tapiz

Además del tapiz, Bayeux es un pueblo muy atractivo, con una impresionante catedral gótica y muchos edificios medievales. Estuve dos noches ahí, hospedándome en el camping municipal. Por dos noches, pagué sólo 13 euros! Durante el día, salí a pasear con mis objetos de valor, y dejé todo lo demás en mi tienda. Así le hace todo mundo aquí (y los franceses son campistas entusiastas). Llevo 3 noches consecutivas acampando, de modo que he logrado reducir costos (y liberado más dinero para comer en restoranes). Cada vez duermo mejor en mi sleeping bag, y cada vez soy más eficiente para instalar y desinstalar la tienda.

Ubicación de mi tienda... enfrente de los baños!

Galette complète... Queso, huevo y jamón. 

Catedral de Bayeux

Catedral de Bayeux, por dentro
 Bueno, ahora estoy en Caen. Creo que estaré aquí 2 noches. Después voy a ir hacia el este, tengo ganas de hacer un tour de 3 días siguiendo el itinerario "Calvados Classic" que propone Lonely Planet en su libro Cycling France. Calvados es una región famosa por la producción de cidra y del licor homónimo (a partir de la fermentación de manzana). Creo que voy a seguir pedaleando por el noreste de Francia, cerca de la costa, para luego visitar Bélgica, Holanda y Alemania.

En Caen también tienen "EcoBici"... de hecho, este sistema
fue inventado en París, luego imitado en muchas ciudades
Ya superé los 3500 km de viaje!


16 ago 2012

¡Adiós, Gran Bretaña!

Ahora sí, ¡al continente europeo! Se acabó la temporada de entrenamiento en tierras británicas. Mañana estaré en Francia, y comenzaré el largo viaje al este. Me cuesta trabajo creer, desde mi efímero refugio en la isla de Wight, que ya completé la vuelta a Gran Bretaña que me plantée hace unos meses. Empecé en el extremo suroeste de la isla, llegué hasta el extremo noreste, visité unas islas muy norteñas que ni siquiera sabía que existían (las Orkney) y luego regresé a la costa sur de Inglaterra a un paso más relajado. Fueron 55 días en total, 41 de pedalear y 14 de descansar, socializar y turistear. Mi confiabilísimo odómetro registra 3355 kilómetros, que es la distancia que separa a la Ciudad de México de Nueva York (en línea recta). Subí y bajé montañas, crucé campos y bosques, visité pueblos y ciudades, hice amigos -y visité a los que ya tenía- y me familiaricé con varios aspectos de la vida británica, desde la comida hasta la política, pasando por manejar del lado izquierdo de la calle, ver la BBC, ir al pub por una pint de un "local ale" y demás. Recordaré este país (o países, si contamos Inglaterra y Escocia separados) con cariño, porque realmente me trató muy bien, y tuve también la fortuna de estar aquí durante un evento tan especial como los juegos olímpicos.

Bosque, sombra, cero tráfico: ¿qué más se puede pedir?
Pero también me emociona la idea de pedalear en Francia, practicar mi francés (que lleva dos años archivado en algún lugar de mi cerebro... si es que aún está ahi) y explorar otra cultura y otros paisajes. Aún no tengo bien definida mi ruta (debo conseguir un buen mapa carretero de Francia) pero probablemente estaré en tierras galas hasta principios o mediados de septiembre (2 a 4 semanas). Lo que sí sé es que tanto yo como mi bici estamos bien. Hace un par de días, en Oxford, llevé a mi bici a una tienda-taller para que le realizaran un servicio de mantenimiento a fondo. Ajustaron y limpiaron cables y frenos, ajustaron también los rayos (spokes) de las llantas, y me dijeron que en general está en excelente estado la bicicleta así que puede aguantar muchos otros miles de kilómetros.

Las cifras del viaje

Distancias
  • 3355 kilómetros recorridos en bicicleta hasta el 16 de agosto de 2012
  • 82 kilómetros, el recorrido promedio por día (sin contar los días de descanso)
  • 127 km, el recorrido más largo (Helmsdale-Inverness, en el norte de Escocia
Velocidades
  • 17.6 kilómetros por hora (km/h), la velocidad promedio de desplazamiento
  • 22.3 km/h, la velocidad promedio diaria más alta (trayecto Durham-York)
  • 73.3 km/h, la velocidad máxima registrada (en las colinas Lammurmuir, entre Edimburgo y Berwick-upon-Tweed)
Tiempo
  • 4 horas 48 minutos, tiempo promedio pedaleando cada día (excluyendo descansos y tiempo inactivo)
  • 7 horas 13 minutos, el día más largo (Helmsdale-Inverness)
Noches
  • 39 lugares distintos donde he pasado la noche
  • 29 noches en hostal, 9 en B&B, 8 acampando, 6 en hotel, 3 en casa de amigos
  • 30 noches en Inglaterra, 24 en Escocia y 1 en Gales (Chepstow)   
  • 4 noches, el máximo en un mismo sitio (Albatross Hostel, en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra)
Bicicleta
  • 1 caída de la bicicleta (en Edimburgo, por la lluvia y las condiciones de la ciclovía -sin consecuencias graves)
  • 1 sustitución de llanta en Ballater, en las Highlands escocesas (la llanta se había roto en el borde, por causas desconocidas)
  • 2 ponchaduras, ambas ocurridas cerca de Corgaff en las Highlands escocesas
  • Ningún otro cambio o reemplazo de componente requerido hasta el momento, ni siquiera brake pads!
Hostales, mi tipo de alojamiento predilecto. En la foto, el dormitorio
del excelente YHA Sherwood Forest, en Edwinstowe, Nottinghamshire

Los 5 mejores momentos en la bicicleta 

1. Llegar a John O Groats y con ello culminar el recorrido de 1711 km de punta a punta de Gran Bretaña. Los ciclistas experimentados hacen este recorrido en mucho menos tiempo que yo, pero para mí lo importante no era cuántos días necesitaba para llegar sino constatar que podía hacerlo, a mi ritmo. Esta ruta, la más larga y legendaria en las islas británicas, era para mí un sueño distante, que poco a poco se fue haciendo realidad.
2. Conquistar los puertos de montaña de Lecht Pass y Glen Shee, en las montañas Grampians en The Cairngorms National Park, en Escocia. Fue, físicamente, lo más difícil, pero las vistas desde la cima, y los dos descensos vertiginosos, más que compensaron el esfuerzo.
3. Mi primer centenario -es decir, mi primer recorrido de más de 100 kilómetros- entre Zeal Monachorum y Glastonbury, en el sur de Inglaterra (día 5 del viaje). Desde ese día, comencé a tener más confianza en mis dos piernas y su capacidad para impulsarme grandes distancias a través de la bicicleta.
4. Cruzar, junto con mi amigo Henning, la frontera entre Inglaterra y Escocia, y unos minutos después alcanzar la marca de los 1000 kilómetros recorridos. Fueron dos hitos prácticamente simultáneos que disfruté mucho.
5. Llegar a Perth, Escocia, luego de un día fatídico: no paró de llover, sufrí una caída bastante fea de la bicicleta (saliendo de Edimburgo) y consideré seriamente dejar de pedalear por el resto del día. Alcanzar tu meta del día, a pesar de la adversidad, es siempre un motivo de gran satisfacción.

Llegar a los 3000 km también fue un gran momento, pero creo
que ya no entra en el top 5

Los 5 peores momentos en la bicicleta

1. Las múltiples veces que tuve que empujar mi bici colina arriba el primer día, en Cornwall. Mis piernas, simplemente, no tenían fuerza, se agotaban muy rápidamente. Ese día consideré seriamente la viabilidad de todo el proyecto, y recordé un fragmento de un libro de ciclismo que alertaba sobre la falta de preparación: "la mayoría de quienes emprenden un largo viaje en bicicleta sin haberse preparado, se rinden antes de cumplir la tercera semana". Afortunadamente, las cosas mejoraron rápidamente luego de ese primer día, pero de que fue difícil, lo fue.
2. La caída de la bicicleta en Edimburgo, en una ciclovía angosta y adyacente a un desnivel cubierto por vegetación. Ese día todo estaba empapado, tenía frío en mis pies porque el agua había llegado hasta los calcetines (más tarde compré calcetines a prueba de agua y cubiertas para los zapatos, de modo que no he vuelto a tener ese problema). La caída fue la gota que derramó el vaso, la frustración fue grande pero seguí adelante.
3. Pedalear contra el viento en el lejano norte de Escocia, entre Lairg y Altnaharra (día 19). Mi libro-guía advertía sobre esta situación: "reza para que el viento sople desde el sur". No, en mi caso el viento venía del norte. Mi velocidad de crucero, que normalmente es de 22-25 km/h, era de apenas 13-14 km/h. Cuando enfrentas una colina, tienes que emplearte a fondo pero sabes que esa ganancia de altitud eventualmente se transformará en un descenso glorioso. Pero cuando enfrentas al viento, sabes que no hay recompensa: la naturaleza, sencillamente, te obliga a pagar un precio mucho mayor para recorrer la misma distancia.
4. Ser asediado por los mosquitos (midges) en Escocia. Los fatídicos midges son una plaga durante el verano en Escocia. Te persiguen aún a velocidades de 15 km/h. Eso significa que no te puedes detener, no puedes bajar la velocidad. Y por lo tanto, a la primera colina... te comienzan a comer vivo. La solución es llevar un buen repelente; el que yo llevaba no servía, los midges se morían de la risa de él. 
5. Tener que circular en carreteras muy transitadas, y soportar el paso frecuente de camiones y vehículos pesados. En zonas densamente pobladas (y las hay muchas en GB) es inevitable, de vez en cuando, el pedalear en "A roads", es decir carreteras principales. No es agradable, particularmente cuando no hay acotamiento.

La ruta completa (del 23 de junio al 17 de agosto):
Penzance - Land's End - Camborne - Bodmin - Zeal Monachorum, Devon - Glastonbury - Chepstow (Gales) - Worcester - Telford - Northwich - Lancaster - Appleby - Penrith - Hawick (Escocia) - Edimburgo (1) - Perth - Braemar - Grantown-on-Spey - Inverness (1) - Lairg - Bettyhill - John O Groates - South Ronaldsay, Orkney - Kirkwall, Orkney - Stromness, Orkney - Scrabster - Helmsdale - Inverness (2) - Gairlochy - Crianlarich - Linlithgow - Edimburgo (2) - Berwick-upon-Tweed (Inglaterra) - Alnwick - Newcastle-upon-Tyne - Durham - York - Edwinstowe - Moira (National Forest) - Coventry - Oxford - Southampton - Rookley, Isle of Wight - Portsmouth

Próximo destino: Cherbourg, Francia! Tengo reservadas 2 noches en el YHA local. No sé a dónde iré después, pero seguramente hacia el sureste.